Él se ve reflejado en mis ojos, sonríe y juega a tratar de alcanzarse. No es más que un simple juego, como otro cualquiera, exactamente lo mismo que el "cucú" que tanto le entusiasma. Es demasiado pequeño para entender que es el niño de mis ojos.
Yo le devuelvo la sonrisa y, adoptando también el papel de niña pequeña, juego a tratar de descubrir todos y cada uno de los sueños que se anclan en los suyos. Esos ojos llenos de un amor tan puro como incondicional y que están cargados de esas inocencia que un día el mundo también le hará perder a él.
Yo le devuelvo la sonrisa y, adoptando también el papel de niña pequeña, juego a tratar de descubrir todos y cada uno de los sueños que se anclan en los suyos. Esos ojos llenos de un amor tan puro como incondicional y que están cargados de esas inocencia que un día el mundo también le hará perder a él.