Mostrando entradas con la etiqueta MicroRelatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MicroRelatos. Mostrar todas las entradas

28/6/11

Novena sinfonía de un viejo poeta

Se respalda contra la silla y mira hacia la ventana. El cielo, plagado de nubes, le trae a la memoria aquellas camelias blancas de su juventud. Respira profundamente y el olor a incienso que desprende la vieja biblioteca invade por completo sus pulmones. Baja la vista hacia la mesa y sus ojos se posan sobre la última hoja en blanco que le queda. Coge la pluma y plasmando las mínimas curvaturas de un alfabeto efímero compone un adagio. Aquella hoja en blanco es ahora un campo de batalla cuyo escenario es un piano invertido en el que las teclas negras –sus grafías- luchan por vencer en número a las blancas –el propio papel-. Vencen las negras.



Tras la contienda entre negras y blancas, el viejo poeta da por terminado el último poema de su, también último, poemario. Y, entonces, su mente se nubla y vuelven a aparecer las sombras. En esta ocasión le ha dado tiempo a rubricar lo que ha escrito.


Nadie podrá robarle, esta vez, sus palabras… Salvo, quizás, él mismo. Si el último brote de su locura trae consigo una nueva batalla en la que los bárbaros –esas sombras que nublas su razón- devasten todo cuanto encuentren a su paso…


3/9/09

La chica del vestido azul - Capítulo I - El paraguas

La chica del vestido azul ama la lluvia y odia los paraguas. Precisamente por eso, cada día lluvioso sale de casa sin olvidarse de coger un paraguas que poder colocar estratégicamente en algún árbol sobre el que descanse un pequeño nido.

La chica del vestido azul - Capítulo I -El paraguas


Para ver la imagen más grande, pinchar AQUÍ.

6/5/09

Ella y él (II)

Otra noche cualquiera, mientras sentada sobre la cama ella escribe una nueva página de la historia de ambos, él se sienta a horcajadas tras ella, aparta su pelo y, apoyando la barbilla sobre su hombro, comienza a leer. Ella gira la cabeza y lo mira. Acto seguido tapa con sus manos lo que ha escrito.

-¿Qué haces? ¿Por qué lo tapas? –pregunta él con asombro-.
-No… -responde ella- ¿qué haces tú? ¿Por qué lo lees?
-Ya sabes que lo hago. Juraría que no te molestaba…
-Pero no así. Me gusta más cuando lo haces a escondidas, mientras duermo…

Él sonríe y apoya su espalda contra el cabecero de la cama. Ella continúa escribiendo y veinte segundos más tarde se gira y le pregunta:

-¿Te has enfadado?
-No, para nada. Sabes que no puedo enfadarme contigo.
-Entonces… ¿por qué estás tan callado?
-Pensaba…
-¿Y en qué pensabas?
-Pues… en que si yo escribiera un diario, necesitaría marcar todas y cada una de las páginas que hablan de ti…
-¿Y…?
-Pues que no creo que existan tantos marca-páginas en el mundo…

25/4/09

Ella y él (I)

Ella escribe historias que no entienden de razón, historias de esas que carecen de argumentos y porqués, y que plasma con cada una de sus lágrimas, con cada beso que se le escapa y con cada suspiro que derrama. Encierra su alma en un sinfín de páginas cuya única función será afirmar que la suya no pasará a engrosar una eterna lista de relaciones suicidas. Y las guarda, guarda todas y cada una de las páginas que escribe por temor a que puedan perderse. Pero no las esconde, ya que (para ella) son demasiado importantes como para hacer que nadie fuese a encontrarlas jamás.

Noche tras noche, sin que ella lo sepa y una vez que se ha dormido, él las lee una vez tras otra hasta que consigue almacenarlas en lo más hondo y profundo de su ser.

Y una noche cualquiera (supongamos que fue ayer), él decide contarle su pequeño secreto consiguiendo así que ella logre por fin escapar de los temores de veinticuatro horas grises y regalándole (a ella y sólo a ella) un perfecto amanecer teñido de azul.

amanecerteñidodeazul

Y quizás (tal vez y sólo tal vez) a partir de ahora vayan a ser dos las caligrafías que continúen llenando las páginas de una historia que, en realidad, no ha hecho más que empezar…

17/3/09

¿Por qué y desde cuándo? En 65 palabras

Por qué te quiero en 65 palabras
Desde cuando te quiero en 65 palabras

Este post nace a raíz de un post de Laura que leí hace unos días. Desde que vi ese video le he estado dando vueltas al asunto y este es el resultado (65 + 65). Me ha costado resumirlo tanto, pero... podéis contarlas si no os fiáis, jejeje.

3/1/09

El almanaque

Él encontró en un cajón las hojas perdidas de un almanaque ya caducado en el que ella había marcado con tinta roja sus deseos. Leyó sus buenos propósitos para enero, las promesas de febrero, los planes de marzo, las esperanzas de abril, los sueños de mayo y, al llegar al mes de junio, decidió dejar de pasar hojas. Fue hasta ella, que sentada en el porche leía aquellos versos que nunca se atrevió a terminar y, tras llamar su atención con una leve caricia en el rostro, comenzó a romper de una en una las doce páginas del almanaque.

El fallo no está, cariño -le dijo al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa-, en no haber usado el rotulador verde de la esperanza, sino en tratar de enjaular y delimitar la libertad de sueños, promesas y anhelos bajo las rejas del simple paso de unos cuantos días.

Ella simplemente cerró los ojos y le siguió con paso firme y confianza ciega, entendiendo por fin que lo que hubiera hecho o dejado de hacer ayer no importaba y que daba lo mismo lo que fuese a ocurrir mañana siempre y cuando, claro está, ocurriese a su lado…

11/12/08

En cada constelación, un marinero

Una noche oscura en la que sobre la luna se reflejaba la sonrisa del octavo pecado capital cometido por el mar, el que nunca había querido ser marinero, cogió el pequeño barco que generación tras generación había pertenecido a su familia y salió a navegar.

Durante los pocos minutos que duró su corta travesía, al fin lo comprendió: encontró los para él hasta ahora desconocidos atlas de las estrellas en las olas que dibujaba el mar y, tras un profundo y largo suspiro, arrojó en él las cenizas de su padre.
Confiando ciegamente, por primera y única vez en su vida, en que por la vida de cada marinero que el mar se cobra, una nueva estrella comienza a brillar en cada constelación…

5/12/08

ParaSiempre

Érase una vez la historia de un tal PARASIEMPRE que, tras conocerte, realmente empezó a creer en sí mismo, haciéndose amigo del FUTURO, fiel compañero del PASO A PASO y aliado de los SUEÑOS que sí se hacen REALIDAD en todas y cada una de las batallas en las que, poco a poco, el AMOR va ganando una guerra en la que la muerte no existe y la VIDA siempre es PAR (divisible y múltiplo de DOS).

2/10/08

En apenas tres segundos...

… dejaste de existir. Pasaste a ser lo imposible dentro de un mínimo porcentaje de posibilidades.

… te fuiste con la levedad de un estornudo para convertirte en el anhelo que contiene un suspiro.

… se rompió tu fragilidad, mínima como la inocente excusa de un niño con ojos de no haber roto nunca un plato en su primera trastada.

… desapareciste cual brizna de polvo frente al bufido de un gato.

… se diluyó tu existencia, de la misma manera en que lo hace una gota de lluvia al caer sobre el mar.

Y a sabiendas de que ya no estás, apura el penúltimo cigarro de la noche sin que le preocupe el echarte el humo.

Y una nueva punzada de ese dolor que aún tardará varios días en remitir vuelve a recordarle que no estás.

Y, sentada frente a la ventana, osa mirar a los ojos de la desafiante Luna y siente pena por ella porque piensa que, en el fondo, se parecen. Por un lado, el silencio de la noche atestigua que no queda nadie despierto y, por el otro, las nubes han logrado tapar todas y cada una de las estrellas. Están solas.

Y a pesar de que sabe que en ese instante habrá miles y millones de personas mirando la Luna, por primera vez en varios días es consciente de que ella lo hace sola, completamente sola.

Y el frio de una de las primeras noches del otoño consigue erizarle la piel. Da una última calada al cigarro, lo apaga y se va a la cama. Mañana será otro día y quedará uno menos para poder volver a soñarte, para comenzar a esperarte de nuevo…

23/7/08

Jugando al escondite con la luna


Anoche, bajo el techo de una oscuridad en la que fácilmente se podrían esconder, dos salieron a soñar en esa enorme habitación desordenada que es el jardín secreto del mundo y terminaron jugando al escondite con la Luna.

Ambos buscaban sin saber qué pero con la firme certeza de hallarlo. Soñaron contándose historias que el uno desconocía de la otra y que la otra ni siquiera imaginaba del uno. Y así, en ese inmenso agujero que es la noche y en cuyo fondo podrían haberse escondido, sus secretos encerrados lograron escapar y ellos burlaron todas aquellas barreras que les separaban pasando a ser uno.

Y pasearon volando sobre el suelo.
Porque cogidos de la mano los miedos se vuelven cobardes.
Y sonrieron coloreando las estrellas.
Porque esa es su mejor arma.
Y sus risas iluminaron a la noche.
Porque todo lo pueden.
Y así, de pronto, le ganaron la partida a la luna.
Porque cuando uno pasa a ser dos, dos pasan a ser uno.

*Y de mil y una maneras en que su pequeño mundo podría haber sido invadido, el azar quiso que a ella le sonara su teléfono móvil. Nada importante, tan sólo un sms de publicidad pero que trajo de la mano a la banda sonora perfecta para esa noche: