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6/5/09

Ella y él (II)

Otra noche cualquiera, mientras sentada sobre la cama ella escribe una nueva página de la historia de ambos, él se sienta a horcajadas tras ella, aparta su pelo y, apoyando la barbilla sobre su hombro, comienza a leer. Ella gira la cabeza y lo mira. Acto seguido tapa con sus manos lo que ha escrito.

-¿Qué haces? ¿Por qué lo tapas? –pregunta él con asombro-.
-No… -responde ella- ¿qué haces tú? ¿Por qué lo lees?
-Ya sabes que lo hago. Juraría que no te molestaba…
-Pero no así. Me gusta más cuando lo haces a escondidas, mientras duermo…

Él sonríe y apoya su espalda contra el cabecero de la cama. Ella continúa escribiendo y veinte segundos más tarde se gira y le pregunta:

-¿Te has enfadado?
-No, para nada. Sabes que no puedo enfadarme contigo.
-Entonces… ¿por qué estás tan callado?
-Pensaba…
-¿Y en qué pensabas?
-Pues… en que si yo escribiera un diario, necesitaría marcar todas y cada una de las páginas que hablan de ti…
-¿Y…?
-Pues que no creo que existan tantos marca-páginas en el mundo…

25/4/09

Ella y él (I)

Ella escribe historias que no entienden de razón, historias de esas que carecen de argumentos y porqués, y que plasma con cada una de sus lágrimas, con cada beso que se le escapa y con cada suspiro que derrama. Encierra su alma en un sinfín de páginas cuya única función será afirmar que la suya no pasará a engrosar una eterna lista de relaciones suicidas. Y las guarda, guarda todas y cada una de las páginas que escribe por temor a que puedan perderse. Pero no las esconde, ya que (para ella) son demasiado importantes como para hacer que nadie fuese a encontrarlas jamás.

Noche tras noche, sin que ella lo sepa y una vez que se ha dormido, él las lee una vez tras otra hasta que consigue almacenarlas en lo más hondo y profundo de su ser.

Y una noche cualquiera (supongamos que fue ayer), él decide contarle su pequeño secreto consiguiendo así que ella logre por fin escapar de los temores de veinticuatro horas grises y regalándole (a ella y sólo a ella) un perfecto amanecer teñido de azul.

amanecerteñidodeazul

Y quizás (tal vez y sólo tal vez) a partir de ahora vayan a ser dos las caligrafías que continúen llenando las páginas de una historia que, en realidad, no ha hecho más que empezar…