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3/2/11

#turismobisbal

Ya hay un sinfín de Blogs, webs y demás (por no mencionar a los Medios de Comunicación) que se han hecho eco del fenómeno #turismobisbal de los usuarios de Twitter, que ha traído, trae y seguirá trayendo cola. Y es que yo no recuerdo otros temas que, en España, hayan sido "Trending Topics" durante tanto tiempo.

Me he puesto a mirar y yo misma he "colaborado" con bastantes Tweets. Así que, como ya hay muchos Blogs que han hecho magníficas recopilaciones de los mejores, yo voy a limitarme a publicar aquí los míos, que luego se me pierden por el Timeline y es muy difícil dar con ellos... xD


01.- Ostras pedrín! ¿De dnd parte la idea de #turismobisbal? Me estoy riendo lo que no está escrito con su tuit y los vuestros xD

02.- ¿Cuando Bisbal da conciertos en Castilla la Mancha se llevará el kit de limpieza para ir limpiando el camino? #turismobisbal

03.- Qué casualidad! En tuiter se anuncia una Agencias de Viajes con un nombre como mi apellido, #turismobisbal se llama. INNNCREÍBLE

04.- Bisbal no está ahora en tuiter pq está buscando en Google Maps cómo llegar a Fondo de Bikini para cantarle a Bob Esponja #turismobisbal

05.- Vengo de la India. Son todos muy pobres, ya no tienen ni para comprarse plumas. Tampoco me han dicho 'JAU' #turismobisbal

06.- Tuiter está siempre muy transitado, a mi a veces hasta se me cruza una ballena #turismobisbal

07.- Uyuyuyuyyyy... he perdido algún que otro follower, yo creo que ha sido por mis tuits sobre #turismobisbal de anoche xD

08.- Lo de Bisbal fue una gran cagada, pero borrarlo una COBARDÍA. Así pues: tuit borrado, siempre nos quedará #turismobisbal =D

09.- Atención, última hora: Nuevo remix de David Bisbal "Egiptología, egiptología del alma mía" #turismobisbal

10.- El #turismobisbal y declarar públicamente que no te gusta la Nocilla te hace perder seguidores. Es verídico, a mí me ha pasado...

11.- Si Rosa es "Rosa de España" yo soy "David de Tuiter" #turismobisbal

12.- O te estás partiendo con #turismobisbal o te dedicas a insultar a los que lo hacemos :S Así es Twitter: Innncreíble


13.- Bisbal, que esto no es mucho peor que que te pillen para un "Inocente, inocente", entra y ríete un rato con nosotros, anda... #turismobisbal

14.- A ver si cesan ya las revueltas con #turismobisbal en Tuiter que sino no me sacan a mi en @vistoentw xD

15.- Yo le pediría a la RAE que acuñe la frase "hacer turismo a lo Bisbal" #turismobisbal


16.- Estoy en Grecia viendo el Templo de Atenea Nike. ¿Sabéis si hay algún templo Adidas o Reebok? #turismobisbal


17.- Madre mía!!! Lo que está dando de sí el #turismobisbal... No recuerdo un TT que aguantara tanto siéndolo xD

18.- ¿Si en Twitter se pudieran escribir más de 140 caracteres la cagada de Bisbal habría sido mayor? Aaaahhh... quién sabe!!! #turismobisbal

23/11/09

El abuelo Juan

En realidad, Juan, no es mi abuelo. Físicamente no nos parecemos en nada y tampoco compartimos apellido. Biológicamente, es el abuelo paterno de tu padre, con quién sí comparte apellido aunque no demasiados rasgos físicos. Pero dejando a un lado la biología y entrando en los diferentes grados de afecto, cariño y amor que podemos sentir las personas, él para mí es el abuelo Juan.

Recuerdo perfectamente el día que lo conocí: decía tener cien años (y puede que incluso más, ya que no apostaba un real a que alguno no se le hubiera perdido a mitad de camino u olvidado durante algún despiste) y se negaba a darme un beso porque creía firmemente en la idea de que la gente mayor no debería llenar de babas a los jóvenes.

Me contó decenas de anécdotas de años pasados (algunas incluso más de una vez), me hizo reír un sinfín de veces y, cuando llegó la hora de despedirnos, ni siquiera refunfuñó una sola vez por tener que darme un nuevo par de besos. Salí de aquella pequeña y antigua casa con la convicción de haberle caído bien y me hice la fiel promesa de empezar a quererle cada día un poco más desde aquel instante.

Y así lo hice, sin ni siquiera poner empeño ni esforzarme en ello. Porque el abuelo Juan es una de esas personas que entran en tu vida como un elefante en una cacharrería, que te revolucionan las sonrisas y que hacen salir fuera al cariño.

No hace mucho que se enteró de que papá y yo estamos esperándote. Ni te imaginas lo muchísimo que se alegró. En realidad, creo que de todos los que cuentan los días hasta tu llegada es quién más celebró la noticia y se emocionó con ella…

Pero no lo digo porque olvide las cosas y tengamos que repetírselas, sino porque tengo una teoría: yo creo que, al enterarse, ya te imaginó corriendo sin parar y metiéndote en todos los charcos que encontraras a tu paso; llenándote de barro de pies a cabeza sin dejar de reírte a carcajadas y volviendo a casa de su mano para librarte de una buena reprimenda que tan sólo se llevaría él por haberte permitido hacerlo. Y esta teoría no es que me la haya inventado o la haya soñado esta noche, es mucho más… es lo que tu padre, cuando era pequeño, le hizo en más de una ocasión.

El abuelo Juan no es como los demás abuelos, no cumple todos los requisitos para serlo. Mientras tiene ese lado entrañable que te hace quererle, carece de esas manías y rarezas que con los años vamos adquiriendo las personas y nos convierten en… un tanto difíciles de tratar. Podría decirse que tiene todo lo bueno de los abuelos y punto (quizás sea esa parte mala la que se olvidó a mitad de camino).

Aunque… si tuviésemos que adjudicarle algún defecto, creo que todos nos pondríamos de acuerdo a la hora de decidirnos: su obsesión con que va a morir pronto.

Desde que lo conozco lleva diciéndole a tu padre que ya no va a verle más porque es muy mayor y ya se tiene que morir, que tiene más de cien años y que la gente como él ya solo hace que estorbar…

Y hace exactamente dos días y dos horas que se salió con la suya.

El abuelo Juan quería dejar de estorbar y ha logrado dejar un hueco muy hondo en todos nosotros. Un hueco que se va haciendo un poco más grande a cada lágrima que vamos dejando salir…

Por un lado, está el consuelo que nos queda al pensar que es lo que él quería y llevaba pidiendo a gritos enmudecidos desde hace ya mucho tiempo, por el otro, también convive el egoísmo de la lástima que nos da que tu padre no pueda cumplir, tras tu llegada, su deseo de inmortalizar en una instantánea a las últimas cuatro últimas generaciones de su familia…

Yo, por mi parte, lloro a escondidas cuando tu padre no mira (por aquello de que, en mi estado, no se me permite el lujo de disgustarme y llorar más de lo mínimamente necesario), porque me queda la pena de saber que no podrás disfrutar del lujo de conocer a tu bisabuelo Juan (y yo, que sí pude hacerlo de la mía durante dieciocho años, sé muy bien lo que eso implica…)

11/8/09

De... ¿vuelta?

Una vez escuché una frase que decía algo así como… “siempre que te vayas sin dar explicaciones, podrás volver del mismo modo”. No, en realidad jamás he oído algo ni remotamente parecido, lo que sí oí una vez fue “me iré sin que nadie me eche para así volver sin que nadie me llame”.

Aunque en realidad… la evidente ausencia de letras en este Blog en ningún momento fue algo premeditado, pero aún así, imagino que toca dar explicaciones (y no por nada, sino porque quiero): si nos remontamos a lo último que escribí, tendremos que ir atrás en tres páginas del calendario y situarnos a finales del mes de Mayo...

Los últimos días del mes de Mayo tocó celebrar y festejar victorias, triunfos, copas y tripletes; después llego el mes de Junio con sus exámenes finales (y ya seas alumno o profesora, toca hacer el último esfuerzo); tras las clases y los exámenes llegaron las vacaciones (con la correspondiente visita a las Trillizas incluida) y, a partir de ahí, pues supongo que vino algo así como una abstinencia bloguera por elección propia y para descontaminarme un poco (que lo venía necesitando).

Entre ayer y hoy he estado leyendo comentarios y e-mails (cuyo plazo de respuesta no sé si ya habrá expirado o no…) y hace unos minutos he decidido ponerme a escribir un post que, al menos, interrumpa el punto y final que se me antoja llevaba marcando el anterior, porque lo cierto es que si hay algo que no he mirado son las estadísticas, y ya no sé si queda alguien que continúe pasándose por aquí o que quiera seguir haciéndolo. Aunque eso supongo que es lo de menos, la pregunta es si yo quiero continuar escribiendo…

Por último (y en respuesta a esos e-mails y comentarios cuyo plazo de respuesta desconozco si sigue abierto), simplemente diré que es posible que esté mejor y más feliz que nunca, aunque también más asustada. Y es que yo no sabía que la felicidad daba tanto miedo, pero es ahora cuando toca ser valiente y lo estoy intentando…

31/3/09

Operación Grillo

Hay noches en las que el aburrimiento parece ser la única sentencia posible del juez del tiempo, noches en las que ni siquiera la caja tonta tiene la más mínima intención de entretenerte. Normalmente, yo sufro alguna de esas noches las semanas en que mi chico tiene turno de mañana en el curro y, por lo tanto, se va prontito a dormir (aunque también es cierto que, por otra parte compensa, porque lo tengo para mí toda la tarde los días en que no doy clase…), pero ese no es el tema…

Precisamente anoche parecía ser una de ellas. De hecho lo estaba siendo hasta que se me ocurrió abrir el Messenger (hay noches en las que no está nadie conectado y noches en las que un monigote de color verde te da paso para poder entablar conversación con algunos de tus amigos). La cosa empezó normalita y con un par de charlas distendidas, luego se animó un poco más con la aparición estelar de un buen amigo con el que ya hacía tiempo que no hablaba y, por último, se unió otro buen amigo más.

Y así discurría mi noche, entre parpadeos de color naranja que anunciaban una nueva frase de cada una de las personas con las que hablaba, hasta que, de pronto, la luz proveniente de la lámpara que tengo a la derecha de mi escritorio proyectó la sombra de lo que parecía ser la pata de algún bicho. Lo primero que pensé fue que se trataba de una araña (o más bien arañón), así que no me lo tuve que pensar dos veces para subir los pies a la silla en la que estaba sentada.

Escasos segundos después supe que se trataba de un grillo (que siempre es preferible a una araña pero que a mí me sigue dando mucho repeluco) que comenzó a caminar a mi alrededor, a pararse y frotar sus patas emitiendo ese sonido que les caracteriza, etc. No parecía tener intención de irse y a mí cada vez me estaba dando más grima, con lo cual estaba más pendiente de la ubicación y movimientos del grillo que de lo que me decían mis amigos. Así que, dado que estaba tardando más de lo normal en responderles, opté por hablarles de mi pequeño visitante. Y fue precisamente en ese momento cuando empezó lo verdaderamente divertido de la noche y, también, la que hemos decidido denominar como “Operación Grillo” (la cual nunca habría podido haber llevado a cabo sin mis amigos. Uno de ellos me pidió que la documentase para subirla al blog y eso haré en este post…)

Punto 1: reacciones dignas de mencionar de mis amigos tras decirles que tenía un grillo en la habitación.

L: Pero… ¿un grillo de verdad o de peluche? (no sé yo cómo iba a llegar hasta mi estudio un grillo de peluche, la verdad… Pero supondremos que esa pregunta es fruto de que ya era tarde y que el cambio de hora del domingo continúa pasando factura)

C: ¿Un grillo de los del cri cri? (Esto… ¿cuántas especies más conocerá? Luego trató de arreglarlo diciéndome que la especie del cri cri era criminalmente pecrilosa, que no peligrosa, ojo…)

A: ¿qué brilla? (mmmm… vale sí, las luciérnagas son otra cosa)

Punto 2: tras decirles que yo no podía dormirme sabiendo que un grillo pululaba por la habitación, sus respuestas fueron písalo o cógelo y échalo fuera, algo que yo no estaba dispuesta a hacer por dos claros motivos. El primero es que, como ya he dicho, los grillos me dan repeluco y ni de coña estaba dispuesta a cogerlo y el segundo consiste en que mi madre siempre ha dicho que da mala suerte matar a un grillo o echarlo si entra en casa, que hay que dejar que se marche sólo…

Punto 3: comienza la “Operación Grillo”

A2: ponle un vaso encima (buena idea. Y de ahí no podría salir y yo dormiría tranquila, pero… para eso tendría que acercar mi mano demasiado al bicho, así que descartado…)

C: ¿no tienes cerca un vaso o un cubilete? (más de lo mismo que en la opción anterior)

L: da pisotones a su lado y lo vas dirigiendo hacia la salida (claro… y cuando lleguemos al escalón le enseño a dar volteretas…)

A: abre la puerta y déjale a su aire, que igual se va sólo (sí, y pongo un letrero de neón que diga “puerta abierta, pasen a robar”)




Aparto mis ojos de la pantalla del ordenador y sigo mirando al bichejo y, al mismo tiempo, mis ojos buscan por la habitación algo con lo que poder atraparlo.













Doy con ello y lo atrapo con la tapa de una caja de CDs.













Y una vez que el grillo está capturado, coloco un folio debajo para, llegado el momento, poder sacarlo fácilmente del estudio.







Punto 4: y a partir de ahí, el descojone padre…

C: no se esperaba el grillo cri cri un ataque coordinado basado en el uso de la tecnología punta del MSN y del CD.

A: pues ahora nada de dormir, habrá que hacer turnos de vigilancia

C: igual mandó un S.O.S. a grillilandia antes de ser capturado

L: ¿y si cava un túnel para salir?

C: María, quién sabe, igual hemos salvado al mundo y has capturado al primer grillo extraterrestre.

C: de las cosas más sencillas nacen los héroes.

Quizás así contado no tenga mucha gracia (puede que ninguna, ya se sabe que no es lo mismo que tú vivas algo o que otro te lo cuente), pero en el momento nosotros nos partimos (yo desde luego y los demás eso dicen…).

Así que nada, inmortalizado queda. Pongo sólo las iniciales de los protagonistas a no ser que me indiquen lo contrario (el grillo se fastidia, no pienso ponerle el cartelito negro delante de los ojos para que no lo conozcan. Que no hubiera entrado en mi casa sin permiso…) y vuelvo a darle las gracias a C., experto estratega y Alto Mando del ejército encargado de llevar a cabo esta operación, porque sin su colaboración habría sido imposible capturar al enemigo…

19/3/09

123, responda otra vez (yo verifico y soy una inepta, usted espera y es una maleducada)

Soy usuaria de Vodafone desde hace casi una década. Al principio (con tarjeta prepago) recargaba mi móvil con bastante asiduidad y creo que nunca he estado más de dos días seguidos con el saldo de mi tarjeta a cero, después (al pasarme a contrato) no ha habido ni un solo mes en que no haya pagado rigurosamente mi factura. Y total… ¿para qué?

Para que una vez nos tangaran 21€ al añadir un nuevo número al Plan Familiar (cuando era un servicio gratuito) o para tener que llamar un sinfín de veces hasta que, por fin, conseguí que me cambiasen la dirección dónde he de recibir mis facturas cuando me mudé.

Lo cierto es que, más tarde o más temprano (con más o menos desesperación, llamadas o visitas a distribuidores oficiales de Vodafone) al final siempre he conseguido solucionar todos y cada uno de los problemas que me han ido surgiendo. Y, por otro lado, si continúo utilizando este operador de telefonía móvil y no otro (de la competencia que cada mes me llaman para ofrecerme una oferta estupenda si me cambio) es porque me conviene por una serie de motivos y circunstancias que no vienen al caso.

Pero con lo que ya no puedo más es con la incompetencia de las responsables de Atención al cliente (123). No sé porque será, pero siempre tengo que llamar más de dos o tres veces por un mismo motivo, porque a la primera nunca doy con alguien con un mínimo de luces al otro lado del teléfono. La última vez ha sido esta tarde:

-Vodafone, buenas tardes. Mi nombre es (uno que ya no recuerdo), ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola, buenas tardes. Verás, es que tengo una Blackberry Storm y quería que me informases acerca de las tarifas que hay para poder tener acceso a Internet desde ella…

-Ahá. Le paso con el responsable correspondiente, no cuelgue por favor…

(Musiquita y un par de minutos de espera)

- Vodafone, buenas tardes. Mi nombre es (otro que tampoco recuerdo), ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola, buenas tardes. Verás, es que tengo una Blackberry Storm y quería que me informases acerca de las tarifas que hay para poder tener acceso a Internet desde ella…

-Así que… su duda es acerca de acceso a Internet desde el móvil y no desde el ordenador, ¿no es así?

-Sí.

-Pues le han pasado mal. Ahora mismo le paso con un responsable, manténgase a la espera y no cuelgue, por favor…

(Otra vez musiquita y unos ocho minutos de espera)

- Vodafone, buenas tardes. Mi nombre es (no, este tampoco lo recuerdo), ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola, buenas tardes. Verás, es que tengo una Blackberry Storm y quería que me informases acerca de las tarifas que hay para poder tener acceso a Internet desde ella…

-¿Su número es el xxx-xxx-xxx?

-Sí, ese es. (Aunque, en realidad, tenía ganas de decirle: no, es otro, el que estoy usando ahora para llamarte es de un móvil que robé esta mañana. ¿Si no llamas desde tu número, desde qué número vas a llamar? ¿Desde el de la vecina? En fin…)

-Manténgase a la espera mientras verifico la información…

(Musiquita y más minutos de espera. Además, he de decir que mientras esperaba los 8 minutos anteriores, accedí con el pc a la web de Vodafone y tenía delante de mí las tarifas de acceso a Internet de mi Blackberry)

-Bien, disculpe por la espera. Le informo de que existen dos tipos de tarifas: una de 12€ que blablabla (abrevio para no hacer este post eterno) y otra de 6€ que blablabla…

-Me dices que con la de 6€ tengo 100 accesos a Internet, pero… ¿dentro de Vodafone Live o de libre navegación?

-No, no… podría navegar tanto dentro como fuera de Vodafone Live, cuentas de correo…

-Ah, estupendo, pues esa es la que quiero.

-Bien, manténgase a la espera mientras verifico la información…

(Más musiquita y más minutos de espera. Y cuando vuelve a hablarme es para decirme que se ha equivocado, que las tarifas que me dijo eran para móviles, no para Blackberry. Se disculpa, me vuelve a decir que me mantenga a la espera mientras verifica la información y yo sigo esperando. Me habla de nuevo (una vez que yo ya me había informado y requeteinformado en la web) y me dice que hay dos tarifas, una de 60€ y otra de 25€. Le digo que mientras esperaba he estado consultando su web y que en ella no dice eso (y le leo lo que pone). Me manda volver a esperar y ella… ¿lo adivináis? Sí… vuelve a verificar la información. Vuelve a hablarme y me pregunta que dónde he visto yo que ponga eso. Le leo la URL completa (con la esperanza de que la teclee y lo vea por sí misma) y me vuelve a dejar en espera…)

-Disculpe por la espera…

-Ahá… (Con voz de resignación y claro principio de “estoy empezando a perder la paciencia”)

-Lo cierto es que no puedo verificar lo que usted me dice. ¿Podría decirme cómo accedió a esa información?

-Ya te lo dije, en la web de Vodafone. Le digo la dirección completa... (vuelvo a decírsela pero ella sigue sin teclearla).

-Es que a mí no me aparecen las tarifas que usted me comenta…

-¿Pero tú has entrado en la dirección que yo te digo? (aquí ya aumenta mi tono de voz…)

-No, pero…

-Pues entra dónde yo te digo. (Y vuelvo a decirle, muy despacito y letra por letra, la URL completa. Y recobro la tranquilidad porque esta vez sí que la escucho teclear a medida que voy hablando…)

-Disculpe, pero yo aquí no veo que ponga lo que usted me dice…

(En este preciso momento, pierdo totalmente la paciencia y los papeles)

-¿Entonces yo qué estoy, loca? ¿Me invento las cosas?

-Yo no digo que usted esté loca ni que se invente las cosas, pero es que aquí no pone eso… y por favor le pido que me hable con respeto porque yo a usted le estoy hablando con respeto…

-Yo le hablo con respeto a una persona que cobra por un trabajo que sabe hacer, no a alguien que no se entera de nada…

-Le repito que me hable con respeto y que aquí no pone nada de lo que usted dice…

-Esta tía es tonta perdida… (Digo mientras miro a mi chico que estaba a mi lado oyendo la conversación y descojonándose de risa…)

-Usted es una maleducada que me está faltando al respeto…

-Y tú eres una inepta…

-Yo a usted no le permito que me falte al respeto.

(Pi piii piiiii. Me cuelga.)

Yo tengo educación hasta que me la hacen perder, eso por un lado, por el otro… aquí os dejo la URL que tantas veces le leí así como una captura de pantalla de la información en cuestión:


Creo que su ineptitud queda patente y, con ella, el motivo por el cual yo perdí la paciencia. Y dicho queda, porque a mí me sirve de desahogo y, también, quizás sirva para algo o alguien más. Y mañana me iré a un distribuidor oficial de Vodafone, porque al menos en el que queda más cerca de mi casa siempre saben solucionarme todas y cada una de mis dudas, problemas, preguntas o peticiones.

5/3/09

72

A veces la miro y no veo en ella más que una niña asustada e indefensa, una niña inocente a la que él le cura un nuevo rasguño de su enésima caída haciendo mil y una travesuras. Hay días en que se despierta entre sollozos a causa de un mal sueño, otras veces hace pucheros en busca de un abrazo, un beso o simplemente para que él le haga carantoñas. Muchas veces ríe sin motivo aparente y otras tantas llora por demasiadas causas injustas.

Ayer fue su cumpleaños pero estaba demasiado enfadada con todos en general y con nadie en concreto como para querer que la felicitásemos y le hiciésemos regalos. Hoy también estaba enfadada, porque nadie se había acordado de su cumpleaños. Ayer, hoy o mañana no importan, dan exactamente igual. Es indiferente que se trate de unos días o de otros, porque siempre los olvida. No sé si vive para olvidar el día anterior o si olvida para vivir un nuevo día...

Podría hablar de ella como si se tratase de un pequeño pez al que día tras día van cambiando de una pecera a otra o, incluso, decir que toda su vida juega al escondite dentro de su cabeza. Hay momentos en los que descubre algún recuerdo y otros en los que no encuentra nada, absolutamente nada.

Esa es su realidad. Reír y llorar sin saber porqué. Decir y desdecirse. Estar perdida dentro de sí misma. Pensar que una extraña le lleva continuamente la contraria. Querernos demasiado, olvidarlo después y darnos el primer beso del día durante cada una de las veinticuatro horas…

Tal vez setenta décadas y dos años más, sean una carga muy pesada para llevar en la maleta de la vida, así que tal vez, y sólo tal vez, simplemente se esté tomando el descanso que precisa para coger fuerzas, volver a ser la misma y, además, recordar que lo es y siempre lo ha sido y lo será.

16/2/09

Una segunda oportunidad (por segunda vez)

Durante los que podrían ser los últimos instantes, una sucesión de imágenes que han formado parte de tu vida comienzan a agolparse en tu cabeza. Personas, lugares, momentos, situaciones, risas, lágrimas y un sinfín de recuerdos que permanecían guardados en el almacén de tu memoria, pasan a convertirse en las diapositivas de un proyector del que tú no eres más que un mero espectador. Así es como, al menos en las películas, nos cuentan que transcurren esos segundos previos a la llegada de la muerte o, cuando menos, en los que más próximos a ella estamos.

Dicha sucesión de imágenes, en el cine, sirve para que el personaje en cuestión pase a mejor vida con un buen sabor de boca y una sonrisa en los labios (en el primero de los casos) o para hacerle cambiar el chip y que a partir de ese momento se empeñe en que su vida sea diferente (en el caso de que dicho personaje sobreviva).

Hay personas que afirman que en la vida real también ocurre, pero yo (y tal vez como una nueva muestra de mis rarezas) soy de las que les llevan la contraria.

Hace diez años sufrí un accidente de moto. Fue a principios del mes de Julio y durante una tarde lluviosa de domingo adornada con algo de neblina. En una curva con poca visibilidad un coche quiso adelantarme y, al venir otro coche de frente, se me echó encima y me tiró a la cuneta. Después se dio a la fuga.

Una moto destrozada (al igual que la ropa que llevaba en ese momento), golpes, cortes, momentánea pérdida de consciencia y un casco que me salvó la vida. Horas más tarde, estando ya en casa llena de vendas, gasas, pomada, betadine y varios puntos de sutura que sellaban heridas, una llamada de teléfono anunciaba el nacimiento de mi perro.

Durante la última década, cada mes de Julio celebramos el cumpleaños de Gastón (a quién siempre se le regala un hueso enorme o una nueva pelota que poder pinchar en escasos segundos), pero también el día en que yo (por suerte) volví a nacer.

Creo firmemente en que, en esta vida, todo pasa por alguna razón, en que todos nacemos con un libro de vida ya escrito que contiene un destino marcado del que nadie puede escapar. Incluso, en alguna ocasión, he llegado a pensar en que esa segunda oportunidad que se me dio tras el accidente de moto expirará el día en que mi perro muera, aunque luego me lo he quitado de la cabeza por lo peliculero que me resulta hasta a mí misma.

Hace pocos días el destino me ha vuelto a dar una nueva oportunidad de seguir adelante con mi vida y mientras los demás van pasando por las fases de susto (tras la noticia), alegría (por saber que estoy bien), excesivos mimos y cuidados hacia mí y, también, búsqueda de culpables y necesidad de que la justicia actúe como debe actuar, a mí no me ocurre lo mismo. Ni siquiera me pasa algo parecido.

Ni tras el accidente de moto ni ahora he visto esa sucesión de diapositivas y, como siempre he pensado, tampoco esa la luz a lo lejos, al final de un supuesto túnel. El único adjetivo que encuentro para mi situación actual es extraño/a. Extraña me siento y extraños encuentro a quienes me rodean. Y la realidad es que no sé el porqué…

Quizás, durante esos minutos de los que no tengo ningún recuerdo claro (al menos por el momento) haya visto pasar mi vida por delante de mis ojos y algo dentro de mí haya hecho ese clic que, como decía antes, en las películas supone el principio del cambio.

Tal vez todo esto no sean más que paranoias mías o las consecuencias de un shock del que todavía no estoy completamente recuperada, pero la sensación que tengo es que ya no soy la misma. Es como si una parte de mi hubiera muerto y yo tuviera que seguir adelante sin ella pero con todas las demás.

Y mientras el resto del mundo sigue pasando de fase en fase y pensando que cuando descanse se me pasará, yo le doy mil vueltas al asunto y no dejo de pensar cuál es esa parte de mí que echo en falta, esa que creo que ya no está.

Tú te ríes y te lo tomas a broma, pero… ¿y si la que ya no está es esa María que te quería? Tal vez sea esa parte la que he perdido por el camino, o tal vez sea esa a la que tú le caías bien; la que compartía secretos con ella; la que me convertía en tu amiga, en la tuya, en la de ella y, también, en la de ellos. Quizás haya perdido la mejor parte de mí o tal vez la que ha muerto es la María borde y arisca.

La verdad es que, por un lado, me da miedo no saberlo pero, por el otro, tengo pánico a descubrirlo. Aunque también es posible que, cómo decís algunos, esto se me pase cuando descanse algunos días más o que, simplemente, lo que ha cambiado sea algo mucho menos importante y transcendente. A lo mejor mi película favorita ha dejado de serlo (esta tarde volveré a verla para saberlo, porque anoche vi por segunda vez Brokeback Mountain y no me gustó nada, cuando la primera vez que la vi me encantó…); o ya no me guste el malibú con piña; quizás el azul celeste deje de ser mi color; tal vez me den arcadas la próxima vez que mi madre haga lasaña; o… ¡quién sabe!, a lo mejor deja de gustarme escribir (y entonces dejo de daros por saco con este blog y con todos y cada uno de mis escritos en papel).

Sé que es absurdo pensar en eso y que el tiempo (que siempre es muy sabio) lo dirá, pero es muy frustrante simplemente tener que descansar y esperar, esperar y descansar (algo que precisamente no estoy haciendo ahora y que mi cuerpo empieza a pedir a gritos)...

Tiene gracia (si te gusta el humor negro) que hace quince días pensara en que este post, por ser el número 100, debería ser especial y que haya terminado escribiendo precisamente esto...

Sé que tengo varias cosas pendientes pero, al igual que a mí os toca esperar (a que pueda ponerme a hacerlo) y descansar (de mí unos días, que eso seguro que no le viene mal a nadie).

5/2/09

Opinando, que es gerundio...

Últimamente hay un tema del que se está hablando mucho en muchos sitios. Yo, personalmente, he hablado sobre ello con amigos, conocidos y blogueros personas que tienen un blog, pero hasta ahora no me había pronunciado digamos de manera oficial y de cara a la galería. Y digo hasta ahora porque es lo que pretendo hacer en este post. ¿Cómo no se iba a meter María en el ojo del huracán para ejercer de abogada del diablo? El día que deje de hacerlo, dejaré de ser yo…

Así que… estéis preparados o no, allá voy:

El progresivo deterioro, decaimiento y desaparición del anteriormente conocido como Fenómeno Blog es un hecho. Cada vez hay más blogs que cierran sus puertas, que se actualizan menos, que reciben menos visitas y, por lo tanto, también menos comentarios. En contrapartida, las redes sociales (Tuenti, Facebook, Twitter, Myspace, Fotolog…) ganan cada día que pasa más adeptos, muchos de los cuales dejan el blog para unirse a una de las redes anteriormente citadas.


Eso es lo que se viene diciendo de un tiempo a esta parte y, supuestamente, parece ser la opinión de la mayoría.

Una vez más tengo que repetir eso de “o el mundo se está volviendo muy raro o la rara soy yo”, porque yo no estoy de acuerdo o, mejor dicho, lo estoy sólo en parte. Me explico: soy testigo directo del hecho de que algunos blogs están cerrando, de otros que desaparecieron de la noche a la mañana, de otros que llevan un tiempo parados y también de otros que ahora reciben menos comentarios (y supongo que también menos visitas, pero de eso no tengo pruebas…). Mi pregunta aquí sería: ¿todas y cada una de las personas que cierran su blog lo hacen para irse a Tuenti, por poner un ejemplo? Sinceramente tengo mis dudas. Lo que está claro es que no me voy a dedicar a ir preguntándolo por ahí porque cada cual es libre de hacer lo que quiera con su tiempo, su blog, su Tuenti o su Twitter.

Yo abrí mi primer blog (en MSN SPACES) a principios de 2.006 y a pesar de que no puedo jurarlo, creo recordar que poco después de haberlo abierto supe de la existencia de Tuenti. Recuerdo que algunos lo hablábamos y nadie sabía cómo era aquello, sólo sabíamos que había que tener invitación para entrar y al no conocer a ninguno de sus usuarios, el paso nos estaba vetado. Por otro lado, la invitación a gmail fue más fácil de conseguir. Ahora, la cuenta de correo de Google es de libre acceso para el que quiera crearse una y con respecto a la red social… ¿quién no conoce a alguien que conoce a otro alguien que tiene un amigo que le puede invitar para que, a su vez, ese alguien invite a otro alguien y así sucesivamente? (Ufff… con esa frase que acabo de escupir parezco la Ministra hablando de los que predicen las predicciones).

En fin, volviendo a lo que decía antes de que si el mundo no es el raro, la rara he de ser yo, formulo una nueva pregunta: ¿por qué a mi blog (y al de muchos otros) eso no le pasa?

En contraposición a lo que, supuestamente, opina la mayoría, últimamente (cuarto trimestre de 2.008 y lo poquito que va del 2.009) mi blog recibe más visitas que nunca (ahí están las estadísticas para quién las quiera mirar) y también más comentarios. Además, cada vez recibo más opiniones reales, más críticas constructivas, más muestras fehacientes de que quién opina realmente ha leído lo que yo he escrito y menos comentarios del tipo “qué historia tan bonita, me ha gustado mucho” (que es algo que siempre me ha repateado).

Una vez, hace ya bastante tiempo, alguien me dijo que yo era “María la de los comentarios kilométricos”, cosa que no niego porque salta a la vista. Pero… ¿por qué? Es simple, cuando comento trato de dejar mi opinión y, dentro de ella, reflejar el hecho de que realmente me he leído el post. Para mí se trata de eso. No busco el contra-comentario, y no lo busco porque no me interesa la cantidad de comentarios que pueda tener, sino la calidad de los mismos. Aunque también es cierto que a veces no logro hacerlo porque la calidad de lo que leo es tan alta que “me emboba” y sólo soy capaz de decir lo mucho que me ha gustado (normalmente es algo que me pasa con los poemas. Una asignatura que siempre estará suspensa para mí).

Por otro lado, también quiero decir que mientras que unos blogs cierran, otros comienzan su andadura precisamente ahora. De eso también estoy siendo testigo directo yo bien porque los encuentro por casualidad, bien porque alguien me los recomienda o bien porque, supongo que también por casualidad, sus creadores encuentran Aprendiendo a ver el cielo más azul.

Hablando de blogs que ahora empiezan, aprovecho para hablar de Deprisa, un Blog de Literatura rápida para un mundo sin tiempo en el cual escribo con cuatro auténticos cracks de las letras (a los que esa supuesta realidad que hoy día sufren los blogs tampoco les afecta, sino todo lo contrario).

En este post he hablado de la realidad de mi blog, que es la opuesta a eso que supuestamente opina la mayoría, pero que no es la única. Si le echáis una ojeada a la lista de blogs de la columna de la derecha encontraréis una pequeña muestra de todo lo dicho en este post.

Ahora, si me preguntáis por la receta mágica para lograr aumentar el número de visitas, comentarios y seguidores de un blog, os diré que no existe o que, al menos, yo no he dado con ella (ni lo pretendo). Yo simplemente escribo lo que quiero, cuando quiero y como quiero, sin reparar en la extensión de mis textos (porque ha dejado de importarme el hecho de que mis historias no sean leídas porque superan una determinada extensión) y leo lo que me gusta. Sin más.

Y para finalizar este post (que se basa tanto en mi opinión subjetiva como objetiva) quiero resumir brevemente lo que yo he aprendido de blogs y blogueros personas que escriben en sitios de Internet en los casi tres años que llevo dentro de este medio:

Un blog no es más que un complemento. Algo que de manera gratuita se pone a nuestro alcance y nos da la posibilidad de contar todo aquello que queramos. Una forma de terapia, porque muchas veces escribir sirve como desahogo. En un blog podemos contar penas, alegrías, historias, cuentos, encuentros y desencuentros, lo que a cada uno se nos antoje. Los blogs son como libros de pequeños relatos, unas veces reales y otras meramente ficticios, que de manera desinteresada unos nos contamos a otros. Muchas veces, el azar y la casualidad traen nuevas visitas a nuestro blog, pero para que se nos encuentre, quizás tengamos que haber buscado nosotros también antes. Y, como en todo en esta vida, lo importante es la calidad y no la cantidad.


Repito: esto no es más que mi humilde opinión de la que, tal vez, tú difieras, siendo así… ¡dilo! Porque si lo haces abriremos un debate y eso siempre es bueno.

22/1/09

Al... chico de la estrella de seis puntas

El día que nos conocimos y te diste cuenta de cómo miraba embobada tus ojos, me dijiste que lo realmente raro no era que fuesen uno de cada color, sino que tu hermano gemelo también los tuviese así, sólo que a la inversa. Cuando nos conocimos, lo único que hiciste fue tomarme el pelo. No te llamas como decías, eres hijo único y, al final de la noche, se te cayó la lentilla de tanto que nos reímos… El día que nos conocimos fue un sábado que acabó en domingo, una tarde que acabó amaneciendo.

La segunda vez que te vi empecé a pensar en la posibilidad de que todo aquello fuese algo más que un magistral intento de utilizar toda tu artillería pesada a la hora de agradarme, que era mucho más que una simple pose.

A la tercera (va la vencida) asumí que eras un loco divertido, un gran fabricante de sonrisas ajenas. Mucho más que un humorista sin nariz de payaso.

La cuarta vez que te vi pensé que sería la última y en la quinta, en la quinta tuve la certeza de que habías venido para quedarte. Y te quedaste…

Odio que seas capaz de arquear las cejas (y yo no), que puedas doblar la lengua (y yo no) y que tus chistes siempre tengan gracia (y los míos no). Odio que siempre te empeñes en ser mi pareja jugando al Trivial, que ganemos y, después, me llames marisabidilla. Odio que sepas más que yo de fútbol y que, como quién no quiere la cosa, almacenes en tu cabeza un sinfín de datos que yo tardaría meses en memorizar. Odio que te encante cabrearme, detesto sobremanera que lo hagas adrede y que, después, no pares de hacerme cosquillas hasta que te perdono. Odio que seas la única persona que jamás me dice gracias o lo siento y el que siempre esté dispuesto a dar la cara por los demás. Odio que me conozcas mejor de lo que yo llegaré a conocerme jamás. En definitiva, odio que seas tan perfecto y que tengas la certeza de que, por muchas cosas que odie de ti, a ti nunca podría llegar a odiarte.

Me chiflan tus locuras, tus ocurrencias y tus vaciles. Me encantan tus bromas (cuando se las haces a otro…), tus sorpresas y tus zumos de colores imposibles, también me encanta que siempre me guardes las chuches y los caramelos de color azul. Adoro nuestras confesiones, nuestras discusiones estúpidas y nuestros secretos fingidos. Tus ideas descabelladas, tus escapadas a las tres de la mañana para comprar helados, tus discursos filosóficos y tus monólogos eternos en los que siempre te pierdes y te olvidas de qué estabas hablando al principio.

Envidio tu forma de ser, tu positividad y tu valentía. Tu manera de afrontar los problemas y que siempre seas capaz de encontrar la parte buena de todo y de todos.

Pero, por encima de todo eso está el hecho de que te quiero demasiado, y anoche (a causa del miedo que me daba que pudiese ir mal) realmente he sido consciente de lo mucho que pintas en mi vida, de la falta que me haces (que nos haces…) y de que preferiría morirme mil veces antes de hacer uso de nuestro papel y quedarme con Pol si algo te pasara (pero eso no quiere decir que vaya a darte mi Vaio y mi Blackberry, porque una cosa es que estuviera muy asustada y otra muy distinta que me haya vuelto idiota…).

Y ahora que te he visto, me quedo más tranquila porque ni llevando uno de esos pijamas azules desgastados llegas a estar feo, porque tu tableta de chocolate y tu tattoo siguen intactos y en su sitio, porque a pesar de todo no has perdido la sonrisa y porque mientras tú sigas haciendo bromas y metiéndote conmigo, yo sabré que todo marcha bien…

Por último, el miedo que he pasado en las últimas horas me lleva a contarte algo que no sabes, y es el hecho de que siempre te he mentido, porque tú sí ocupas uno de los diez peldaños (y no precisamente uno de los últimos).

Ponte bueno (más de lo que ya estás) pronto para venirte con nosotros como siempre, porque sin ti los cafés de media tarde no saben igual y a los malibús con piña no hay quién los derrame sobre abrigos que no te hayan sido formalmente presentados.

Ah, y no lo olvides: que la estrella de seis puntas tiene su significado y su sentido, del que nosotros formamos parte pero que sin ti deja de existir.

7/1/09

Porqués y más porqués...

En esta vida todo, absolutamente todo, tiene su porqué, pero no siempre somos capaces de dar con él, no siempre nos damos cuenta de que ha estado ahí, delante de nuestras narices, y no lo hemos sabido ver…

Si bien es cierto que es bastante complicado dar con los nuestros, la cosa empeora cuando se refiere a los porqués de los demás, de las personas que nos rodean. Por otro lado, puede suceder (como me ha pasado a mí) que presenciemos el instante preciso en el que alguien da con uno de los suyos y (como si se tratase de esa sucesión de fichas de dominó que, estratégicamente colocadas, caen de una en una, por orden y siguiendo a la anterior) que, de pronto, hallemos respuesta a uno de los nuestros.

A mi padre siempre le han encantado los relojes de pulsera. Tiene un montón y sus ojos de casi cincuenta años brillan como los de un niño que todavía cree en la magia de los Reyes Magos cuando, tras deshacerse del envoltorio, descubre que su regalo es un nuevo reloj. Y a mí me ocurre exactamente lo mismo con los bolsos, me gustan creo que demasiado y ya he perdido la cuenta de los que tengo.

Ayer, durante la sobremesa de la comida de Reyes y mientras tomábamos café, la conversación fue variando y pasando de un tema a otro. Hubo un momento en el que se centró en el reloj nuevo de mi padre y en el hecho de que tenía demasiados. Creo que fue mi abuela la que le dijo que eran muchos relojes para tan sólo dos muñecas en las que poder ponérselos (creo que no cayó en la cuenta de que sólo se los pone en la izquierda…). Mi padre, después de quedarse pensativo durante unos segundos, le dijo que creía que su “obsesión” por los relojes venía de cuando era un niño, de cuando su abuelo lo llevó a una feria de muestras. Ese día le compró su primer reloj propio (el que había usado hasta ese momento había pertenecido a su abuelo y se lo había regalado hacía tiempo…) y, a partir de ahí, comenzó a interesarse por ellos y a que le gustase mirarlos en los escaparates, tener varios e ir cambiando de uno a otro dependiendo del momento, la situación, etc.

Yo (que hasta ese momento había permanecido en silencio y como mera espectadora de la conversación al tiempo que daba buena cuenta de un café sobre el que ponía todas mis esperanzas de que me hiciese dejar de bostezar a causa de lo poco que había dormido esa noche), tras escucharle, salté cual resorte y dije que, era posible que la mía (mi obsesión por los bolsos) viniese de la misma persona, del abuelo de mi padre. Nuestros ojos se cruzaron y, en ese momento, se produjo una de “nuestras conexiones”, una de esas que sólo tengo con él y porque somos muy parecidos y, al mismo tiempo, muy diferentes. Supe que él me entendía y que abalaba mi teoría.

He hablado varias veces de mi bisabuelo (tanto en este blog como en los dos anteriores) y siempre he dicho que es la persona que más huella me ha dejado en menos tiempo. Diré de nuevo que nos dejó cuando yo era muy pequeña pero que su recuerdo sigue intacto y es alimentado por las historias que los demás me cuentan sobre él.

Una de esas historias (que yo habré escuchado una decena de veces) hace referencia al hecho de que, durante sus últimos días de vida y cuando estaba ya muy enfermo, no dejaba de repetir que él sería quién me regalaría mi primer bolso de verdad, no uno de esos de juguete. Opina mi madre que eso lo decía como una especie de juramento a sí mismo, como algo que debería cumplir porque así lo había prometido y, de paso, como algo a lo que agarrarse logrando que su vida se alargase lo máximo posible.

¿Es tan descabellado pensar que, de manera inconsciente, me gusten tanto los bolsos porque siempre he sabido de la existencia de esa historia?, ¿qué es algo así como materializar uno de los recuerdos que tengo de él?, ¿será, en realidad, algo patológico que me lleva a tener más y más porque sé que siempre me faltara ese primero que él no pudo regalarme? Mi padre y yo tenemos nuestra propia teoría, el resto del mundo puede pensar lo que quiera…

P.D. Mientras escribía este post, me ha dado por pensar que me gusta tanto el azul celeste porque, cuando era pequeña, me encantaba dormir en casa de mis abuelos, en la habitación que había pertenecido a mi padre cuando era un niño y que era de ese color… o eso o que, a lo mejor (y lo más probable) ya se me está empezando a ir la pinza con este asunto…

17/11/08

Hasta llegar a enloquecer

Era una de esas tardes de Sábado en las que las que, como ya hacía mucho tiempo que no teníamos, cambiábamos la sobremesa por un par de cafés [vieneses, bien calentitos y con mucha espuma, en esa pequeña cafetería que tanto te gusta [quiero pensar que porque yo te la descubrí] y en la que siempre nos toca tener que esperar antes de poder entrar porque las pocas mesas que tiene están ocupadas] y algunos euros de gangas dudosas en el mercadillo.

Me gusta ir contigo al mercadillo. Y no porque nunca me dejes pagar a mí, sino por lo mucho que me haces reír cuando criticas y te burlas de todo lo que se te antoja. Eres como ese niño que todo lo toca, pero en lugar de para que te lo compre, para asegurarme que tú no lo comprarías jamás y, si es preciso, pasas a enumerarme tu larga serie de disparatados motivos.

Mientras yo curioseaba los puestos, tú improvisabas el robarme besos que resultaban ser la coartada perfecta para rehuir charlas interminables con esas vecinas cotillas que tanto te incomodan.

Y fue tras uno de esos besos, durante los breves instantes en los que yo me quedo abrazada a tu cuello mientras tú tratas de hacer que me sonroje con lo que me susurras al oído, cuando le vi:

Mis ojos se cruzaron con los suyos y, por primera vez en muchísimo tiempo, fui capaz de aguantarle la mirada hasta que él no pudo más y la apartó. Creo que hacía más de un año que no le veía y aunque estaba muy cambiado, en el fondo seguía siendo el mismo de siempre [de no ser porque ese aire descuidado suyo de siempre, a mí ahora me resultaba incluso grotesco].

Nos conocimos en el colegio y hasta el instituto compartimos pupitre el uno al lado del otro [porque así lo establecían las iniciales de nuestros primeros apellidos y el riguroso orden alfabético]. Con el paso de los años nos hicimos inseparables. Compañeros, confidentes y, sobre todo, amigos. Muchas veces he pensado en qué habría pasado si no nos hubiesen sentado juntos el primer día de clase o si el apellido de alguno de los “recién llegados” hubiese estado entre los nuestros. ¿Quién hubiera estado dispuesto a plagiar mi letra tan bien y a intercambiar conmigo los exámenes de Física y Química para completarme las preguntas de formulación? ¿Quién te habría ayudado a ti con las declinaciones y la gramática y el vocabulario de Inglés?

Fueron precisamente esas asignaturas que se nos daban tal mal a cada uno, las que hicieron que nos separásemos y tomásemos caminos distintos. Quién nos lo iba a decir a nosotros… que hasta bromeábamos diciendo que, de haber nacido un siglo atrás y dada la adoración que tu madre sentía por mi abuela y la buena posición de tu padre, el nuestro hubiera sido uno de esos matrimonios de conveniencia…

Aunque, en realidad y sin darnos cuenta [ahora lo sé], empezamos a separarnos mucho antes. Dicen [y es cierto] que las mujeres maduramos antes que los hombres. Así que imagino que mientras tú seguías jugando en los recreativos, yo empezaba a jugar a querer ser mayor memorizando los datos del DNI de la [amiga de la prima de la conocida de una amiga] que, teniendo la edad oportuna, más se me pareciera.

Ahí empezó. Mientras que por semana y durante los días en que teníamos Educación Física te pedía tu chaqueta cuando salíamos al pabellón, con la estúpida excusa de que me había olvidado la mía y tú me la prestabas porque, en realidad, la habías llevado porque sabías que yo te la pediría, y yo me pasaba el resto del día oliendo a ti [y suspirando porque olía a ti] y con tu colonia impregnada en mi ropa, los fines de semana [por tu culpa, porque no querías salir de fiesta con los demás…] me fijaba en los mayores y empezaba a dejar que me hicieran sufrir porque era tan tonta que no me daba cuenta [o que no quería admitir] que me había enamorado de ti.

Y tú [y eso también lo supe después, mucho después…] también te habías enamorado de mí y por eso no querías salir los fines de semana con los de clase, porque no querías dejar que yo te hiciera sufrir, porque eras tan tonto como yo y no te dabas cuenta de que yo estaba loca por ti.

En realidad, no duró más de unos segundos, pero que se me antojaron eternos a causa de la cantidad de imágenes del pasado que se agolpaban en mi cabeza, y mentiría si dijera que no me gustó volver a verle y recordar todo aquello pero, nada comparado con lo que me gusta que me beses en el cuello exactamente del mismo modo en que empezaste a hacerlo justo cuando todas y cada una de esas imágenes desaparecieron de mi cabeza.




Y luego, al subirnos en el coche, una vez más vuelves a decirme que tengo tres segundos para adivinar la canción que vas a poner; a mí me sigue sobrando uno y medio para saber que es “Hasta llegar a enloquecer”; subes el volumen y yo la canto a voz en grito mientras tú arrancas y sonríes…



7/11/08

Viernes de finiquito y yogur caducado

Adivina, adivinanza: ¿qué dura 138 días?
Respuesta: mi aguante…

Hay cosa que, aún cuando están empezando, sabes que tendrán un final no muy lejano. Es como si te compraras un enorme pack de yogures de tu sabor favorito para comerte tú solo. Al principio todo va bien, pero después de unos días terminas hartándote de comer cada día el mismo yogur del mismo sabor. Y los yogures, como muchas otras cosas, tienen su fecha de caducidad. Así que al final, o te hinchas a comértelos para que no se caduquen o terminas por tirarlos porque se te han pasado de fecha.

Con mi trabajo me ha pasado lo mismo que si me hubiera comprado ese enorme pack del que hablaba en el párrafo anterior: los primeros días (incluso meses) todo muy bien hasta que empiezas a cansarte.

Al principio, yo empecé a trabajar en la librería para trabajar durante el mes de vacaciones de la chica cuyo puesto yo iba a ocupar. Tras concluir ese breve contrato de un mes, se me comunicó que “la chica de las vacaciones” no iba a volver y, sin más, firmé un nuevo contrato indefinido y seguí trabajando. En ese momento, me mosqueaba el hecho de que el cartel de “se necesita dependienta” siguiera colocado en el escaparate. Y es que… no nos engañemos, si yo estoy aquí y los jefes deciden que siga (tras un mes de prueba), ¿por qué sigue el cartel colgado?

Un día cualquiera (que ya ni recuerdo), al llegar a la librería unos minutos antes de que empezara mi turno, me encuentro de bruces con “mi nueva compañera de trabajo” y se me explica que ya puedo estar contenta porque, por fin, voy a tener días libres (sólo tendría que trabajar cuatro días por semana). Imagino que, en ese momento, mi cara de “circunstancia” se notaría, pero acaté sin más miramientos. Mi sorpresa llegó alrededor de un cuarto de hora más tarde, cuando “mi nueva compañera de trabajo” llamó a la jefa para decirle que se lo había pensado mejor y que no, que no iba a trabajar ahí. Mi jefa me lo cuenta y la tonta de la menda lerenda (porque soy tonta, muy tonta), sigue con su horario de antes y sin librar ni un día.

Después, empecé a librar un día por semana hasta que apareció, y esta vez de verdad, “mi otra nueva compañera de trabajo”. Al llegar ella, lo de trabajar cuatro días por semana se redujo a tres y, como es lógico, mi sueldo también se redujo considerablemente.

Abreviando, simplemente diré que “la nueva” era imprescindible porque al ser mayor de cuarenta y cinco años y extranjera, los jefes se aseguraban esa subvención que tras la marcha de “la chica de las vacaciones” estaban a punto de perder.

A partir de ahí, todo fue estupendo y maravilloso para mí, porque como no soy mayor de 45 años, ni extranjera, ni me llamo María Subvencionada, pues… ¡leches en vinagre!

Y por un lado está lo que tú ves; por otro lo que los jefes dicen y, por otro, lo que dice la gente (los clientes). Llega un punto en que te sientes gilipollas y decides largarte y mandarlo todo a tomar viento, pero también ocurre que te convencen con palabrería barata y sigues tragando, hasta que… pasa lo que pasa.

Y pasar, pasó. Y fue el lunes pasado. Llegué a trabajar (cuando lo que tendría que haber hecho era quedarme en casa porque me encontraba peor que mal) y mi jefa me hinchó las narices por última vez. ¿Mi sorpresa? Lo valiente que fui en ese momento. ¿La suya? Descubrir que la tonta de turno, la que siempre acata todo y le da la razón como a los locos (la tenga o no), en realidad tiene boca y, cuando quiere, no se calla una.

Así que… le dije que me largaba; me dijo que ahí nadie estaba obligado a trabajar si no quería; saqué las llaves de la tienda de mi llavero; ella se empezó a crear realmente que de verdad me iba y me dijo que no podía hacerlo, no sin avisar quince días antes y yo (orgullosa de mí misma, porque ya me tocaba hacerlo) le dije que sí, que vaya que sí podía. Y me fui sin más.

Peeero, lo mejor de todo está por llegar: esta mañana fui a firmar el finiquito y a sabiendas de que no me correspondía dinero alguno precisamente por irme sin dar los quince días de aviso, mi sorpresa llega cuando mi ya ex-jefe me dice: de finiquito te corresponde “x dinero”, por haber trabajado dos días en noviembre “x dinero más”, así que… me das 80 euros por irte de un día para otro y quedamos en paz.

A mí en ese momento se me escapó una carcajada y dije que “nanai de la china”, que sabía que no me correspondía finiquito alguno, pero de ahí a tener que pagar yo…

Salí a la calle y le dije a mi chico (que me esperaba en el coche) que entrara; mi ex-jefe llamó por teléfono a la gestoría que lleva los papeles de la librería y, tras colgar, su respuesta fue que no firmara los papales de la nueva nómina (dónde figuraba que yo devolvía esos 80 euros), que firmara todos los demás y que ya estaba.

¿? ¿Alguien me lo explica? Supuesta y legalmente, yo tengo que devolver ese dinero, digo que no lo hago y no pasa nada. Vamos… que si colaba, colaba, pero como no coló… pues dejamos las cosas como están.

¿Qué más queréis que os diga? Pues que me sigo riendo, porque algo tan surrealista no lo había visto yo en mi vida y que me siento liberada aunque también es cierto que me da un poco de pena por la gente que iba a la librería, porque con algunos y algunas (desde bebés hasta abuelos y abuelas, pasando por gente de mi edad, mayores, menores...) he hecho muy buenas migas, pero en otros sitios nos encontraremos...

P.D. El rollo que acabo de soltar (necesitaba hacerlo) ha sido largo, lo sé, pero también sé que los que me conocéis personalmente sabéis que detrás de esto hay mucho más, que me sobraban los motivos para irme y que, por muchas bromas que hayamos hecho al respecto, no mucha gente estaría dispuesta a aguantarlo.

26/9/08

Lo que es INJUSTO y lo que NO lo es

Si bien es cierto que el título de este blog no es casual (sino que está inspirado en una canción de Alejandro Sanz que lleva por título “Aquello que me diste” –concretamente en el fragmento que dice “… por eso vida mía, por el día a día, por enseñarme a ver el cielo más azul, por ser mi compañera y darme tu energía, no cabe en una vida mi gratitud. Por aguantar mis malos ratos y manías, por conservar secretos en ningún baúl…”- y que es una de mis favoritas), también lo es el hecho de que, desde hace un tiempo, eso de ser capaz de ver el cielo de color azul a pesar de los nubarrones que puedan amenazar el horizonte de tu día a día, se ha convertido en mi modus operandi.

A priori, resulta algo sencillo de llevar a cabo, pero la cosa se complica cuanto tu naturaleza te invita al pesimismo, a la desconfianza y a ser capaz de ahogarte en media gota de agua.

Incluso hay días, como el de hoy por ejemplo, en los que resulta complicado encontrar nubes en el cielo. Días en los que todo parece ir bien…

26/09/08


Es entonces cuando te paras a pensar y te das cuenta de que llevas una semana refunfuñando y protestando por hacerte mayor, porque veintiséis años ya no son veinticinco y ahora ya sí que estás más cerca de la treintena que de la veintena. Y a pesar de que no quieres cumplir años, te duele cuando ves que dos personas se han olvidado de tu día y luego, simplemente te molesta que se hayan acordado un día tarde.

Parece ser que la cuestión es protestar por cualquier cosa, ¿no? Las personas somos así, no hay vuelta de hoja. Que nos quejamos por vicio es una realidad de la que no nos damos cuenta porque estamos demasiado ocupados fijándonos en todo eso que no nos gusta o nos gusta menos que otras cosas o, por el contrario, en la que caemos cuando ocurre algo que nos hace abrir los ojos y despertar.

Exactamente eso es lo que me ha pasado hoy a mí: que la realidad me ha hecho despertar, y ahora me siento tremendamente culpable por ser capaz de quejarme por tonterías en lugar de pararme a pensar y ver que las cosas sólo son tan malas como uno quiera verlas (siempre podrían ser peor pero… serán mejor si uno intenta que así sea…); que no todo es blanco o negro y que todo, absolutamente todo, tiene una importancia relativa: la que nosotros le demos.

Me siento culpable por no haberme dado cuenta a tiempo de que lo importante no es que alguien se acuerde o se olvide del día de tu cumpleaños, lo importante es que esas personas estén a tu lado y que lo sigan estando; por quejarme al tener que esperar una hora en la cola de Urgencias, si cuando lo importante es que me dijesen que el dolor que sentía venía provocado por una neuralgia y no por la muela del juicio como yo pensaba; por levantarme con dolor cuando, en realidad, la culpa la tengo yo por no poner el despertador antes y tomarme la medicación que me han recetado a la hora que la tengo que tomar, y un largo etc. más.

En definitiva, me siento culpable por quejarme por lo que me pasa en lugar de reflexionar y pensar que es una tontería, que hay mil cosas peores, más graves y que dolerán mucho más.

Y es precisamente ese sentimiento de culpabilidad el que me hace volver a quejarme una vez más, pero esta vez de lo que realmente es injusto. Cumplir veintiséis años; que sólo dos de tus seres queridos se olviden de tu cumpleaños; tener una simple neuralgia; que las condiciones que te ofrece el banco no sean las que tú querrías o que, por ejemplo, se te caiga un libro enorme sobre un pie llevando sandalias, no son injusticias. Son cosas que pasan (y que si pasan es porque seguimos vivos), sin más…

Lo realmente injusto es que tú tengas que estar ingresado en el hospital y que, como mínimo, vayas a pasarte ahí los próximos quince días. Injusto es que en tu diagnóstico aparezca la palabra tumor. Injusto es que, a tus dos años y medio, el cáncer haya decidido convertirse en tu compañero de juegos. Y sé que “injusticia” es una palabra muy difícil de pronunciar para ti, pero “quimioterapia” todavía lo es más para todos nosotros.

¿Pero sabes una cosa? De la misma manera que los mayores nos quejamos por todo y somos egoístas, aunque luego tengamos eso que llaman “sentimiento de culpabilidad”, también somos cobardes. A mí hoy se me caen las lágrimas pensando en que palabras como tumor, cáncer y quimioterapia tengan que ver contigo. Y se me caen precisamente por eso: porque soy muy cobarde. Pero… del mismo modo en que tú eres capaz de tirarte de cabeza por el tobogán sin que te de miedo, aunque yo tenga pánico, también sé que vas a poder con esto, porque tú eres muy valiente.

11/9/08

La rueda

A pesar de lo agotadora que le había resultado la mañana en el trabajo, a media tarde Paula salió de casa decidida a comprarle un regalo a su sobrino Julio quién, al día siguiente, iba a convertirse en todo un hombrecito de seis años.

No tenía muy claro lo que iba a comprarle, aunque sí sabía que más libros y juegos educativos estaban descartados de la lista.

Caminaba absorta en sus pensamientos cuando, de pronto, alzó la vista y se topó de frente con el escaparate de una enorme tienda de animales.

“Ya está” –pensó-, “Julio lleva meses diciendo que quiere un perrito y sus padres negándoselo porque todavía es muy pequeño para hacerse cargo de la serie de cuidados que precisa un perro, así como la cantidad de responsabilidades que conlleva, pero… regalarle un animalito más pequeño y fácil de cuidar puede ser una buena idea”.

Entró en la tienda y paseó por entre los diferentes acuarios y peceras del primer pasillo. En seguida descartó a los peces y las tortugas por lo aburridos que le parecían. En cuanto a los reptiles, esos tampoco le convencían. Pasó a toda prisa por delante de las urnas de metacrilato en las que diversos cachorros jugueteaban sin ni siquiera dedicarles una rápida mirada. Sabía que si sus ojos se encontraban con lo de alguno de esos cachorros, estaba perdida… Descartó también a los gatitos, dado que tanto Julio como su madre eran alérgicos a ellos.

Y, al final, llegó al pasillo de los pequeños roedores. Hámster, cobayas y ardillas correteaban de un lugar para otro de las vitrinas o, en su defecto, disfrutaban de una plácida siesta con la que reponerse de su ir y venir de un lado para el otro.

A Paula le llamó la atención la última de las vitrinas, la cual, según rezaba en la plaquita que todas tenían, contenía jerbos. No es que la chica no hubiera visto ningún jerbo en toda su vida, todavía recordaba al pequeño Mofletitos de su compañera de piso en la facultad, lo que ocurría es que le sorprendió la actividad llevada a cabo por aquellos pequeños bichitos.

En la vitrina de los jerbos, uno de ellos corría a toda velocidad sobre la típica rueda que hay en todas y cada una de las jaulas de los roedores de pequeño tamaño, mientras que los demás, permanecían quietos como meros espectadores del primero. Parecía que estuviesen esperando a que se bajara para subirse ellos y, para estupor de Paula, así fue. Aunque no trataron de subirse todos en tropel, sino que tan sólo uno ocupó la rueda una vez que el anterior se hubo bajado…

-¿Es impresionante, verdad? Pues nadie se lo ha enseñado…

-¿Perdón?

-Los jerbos…

-¡Ah sí!

-… se van subiendo de uno en uno. Esperan pacientemente a que uno de ellos se baje para que el siguiente suba y así todo el rato… Bueno, en ocasiones hay pequeñas disputas cuando uno trata de colarse, pero por norma general, así se pasan el día: correteando sobre la rueda o esperando a que otros lo hagan para poder volver a subirse…

-¿Y dice usted que nadie les ha enseñado?

-No… nadie. Y, de hecho, es la primera camada con la que vemos que ocurre algo parecido… ¿Está interesada en comprar uno?

-¿Qué?

-Un jerbo… que si va a comprar uno…

-Ah sí…

Quince minutos más tarde, Paula iba sentada en el autobús de línea con una pequeña jaula de varios colores, en cuya rueda correteaba un roedor de aquellos, entre las manos. Pensaba en lo listos que habían resultado ser esos animalitos… Y ese pensamiento le llevó a otro: en lo tontas que eran tanto ella como sus amigas.

Por un lado, los jerbos guardando cola y respetando turno de subirse a una rueda (porque no disponen de más). Por el otro, cuatro amigas estúpidas peleándose por un mismo tío (con la de tíos que hay en el mundo). ¿Acaso si hubiese tantas ruedas como jerbos, iban éstos a esperar turno para usar la misma?

4/9/08

a Rosa:

Rosa es una chica de veinte años, presupongo que andaluza, aunque no lo sé con certeza. Para mí, ella es una completa desconocida y presumiblemente pensará que yo también lo soy para ella, aunque se equivoca... Rosa me conoce como muy pocas personas.

Ella es uno de esos lectores anónimos que (en mayor o menor medida) todos tenemos. Uno de esos que entran de puntillas y se van sin hacer el menor ruido. Lectores asíduos que, aunque no veamos ni sepamos de su existencia, en el fondo sí sabíamos que habría (tal vez porque así nos lo dicte ese ego de escritor aficionado con altas aspiraciones que a veces hace acto de presencia)...
Partiendo de esa base, imagino que hoy el mío (mi ego de escritora aficionada con altas aspiraciones) estará de enhorabuena, porque ha tenido la inmensa fortuna de que Rosa deje atrás su anonimato y se haya puesto en contacto conmigo.

Rosa, en su mensaje, me cuenta que durante una de esas noches aburridas que todos tenemos de vez en cuando y mientras buscaba el video de la canción de Alejandro Sanz "Un charquito de estrellas", dio conmigo y con mi blog (aquel que tenía en msn spaces; que llevaba por título el mismo que dicha canción y que los que lleváis a mi lado desde hace un par de años recordaréis...), que se puso a leerlo (así como también el de otros CuentaCuentos) y que, resumiendo, continuó haciéndolo de manera asidua hasta que me perdió la pista (cuando me cambié a Blogger y dejé atrás "el Charquito") para volver a dar conmigo tiempo después...

Esta chica, termina su mensaje diciéndome que sintió pena cuando creyó que yo había dejado de escribir y que ahora que "ha vuelto a encontrarme" se alegra de que no se sea así y que si ha decidido salir de la comodidad de su anonimato, es para decirme, entre muchos y varios halagos que yo le agradezco a pesar de ser consciente de que me van grandes, que se ha convertido en (cito textualmente) "esa niña que necesita su cuento-historia... algo... para dormir". ¿Y quién no lo necesita? Yo desde luego sí, y tengo la suerte de estar rodeada de ellos por todas partes...
Y a esa suerte, ahora también he de añadirle la de saber de la existencia de Rosa y del honor que supone que me elija a mí como esa persona que crea, inventa e imagina sus cuentos de antes de irse a dormir...

Rosa, ahora en primera persona te diré que... en primer lugar, te agradezco enormemente tu mensaje; en segundo lugar, te pido disculpas por haberte quitado otro pedacito de anonimato al nombrarte (aunque no he puesto ningún link y no lo haré a no ser que me des tu permiso); en tercero, que tus palabras me han hecho emocionarme y soltar más de una lágrima y en cuarto, que espero que esta entrada no te moleste. El porqué de ella es simple: considero que aquí, las historias, los cuentos, los relatos... son los protagonistas indiscutibles y que tanto yo como el resto de las personas que aquí dejan sus letras, somos algo así como los personajes secundarios que ayudan a dar color y forma al protagonista. Una vez que tus letras llegaron a mí, lo único que faltaba era ese protagonista al que le diesen el matiz que sólo ellas podían darle, por eso en esta ocasión, más que un cuento es una pequeña anécdota con una única y clara protagonista: tú.

Muchísimas gracias, Rosa. Un millón de besos (uno de ellos, se lo haces llegar a tu padre de mi parte)

30/8/08

Después de la tormenta siempre llega la calma...

... ¡y menos mal! Pero... ¿y mientras dura la tormenta, qué? ¡Eh!

La última semana ha hecho el calor más agobiante y sofocante de todo el verano. Fueses a dónde fueses, no había lugar alguno en el que la frente de alguien no estuviera adornada por mil y un goterones de sudor que bajaban hacia ojos y pómulos cual cascada. Era de ese calor pegajoso frente al que, por mucho que bebas, siempre tienes la boca seca y el cuerpo empapado. Resumiendo: días en que las pestañas te dan calor y te sobran hasta los bolsillos.

Y tú pregúntale a cualquier gallego y te dirá que "haberlo, hailo" pero que por aquí ese calor normal no es. Y tras esa infernal ola de calor ha venido a hacernos una visita la peor de las tormentas que yo haya podido presenciar (o al menos que recuerde) a lo largo de mis casi veintiséis años (tan sólo veinte días tienen la culpa del casi).

Anoche, ya de madrugada, me quedé despierta viendo un par de películas (en primer lugar porque tenía que ejercer de "despertador" y en segundo porque, tras la ingesta de grandes cantidades de teína, me desvelé). De la primera no diré nada porque me niego (sí, me niego... porque me obligaron a verla y yo no quería). En cuanto a la segunda... su título ("The upside of anger") prometía demasiado y a pesar de estar catalogada como una comedia dramática y de haberme arrancado un par de carcajadas, lo que más sentí mientras la veía fue miedo y acojone. Pero no por la película en sí, sino por la manera en que la habitación se iluminaba cada dos por tres y los truenos posteriores (a doce; ocho o quince... segundos de distancia).

Os lo aseguro, lo de anoche era como una especie de Cumbre de dirigentes celebrada en el cielo coruñés. Cumbre en la que, por un lado, unos lanzaban fuegos de artificio a un firmamento desde el que respondían otros, más malumorados y con peores pulgas. Vamos que... allí sólo faltaba nuestro monarquísimo diciendo aquello de "¿Por qué no te callas?".

Tras la película me fui a la cama, pero la cosa no mejoró. Recuerdo que, cuando era una niña, me tapaba hasta la frente y las tormentas me daban menos miedo, pero... ¿cómo vas a taparte cuando, a pesar de haber tormenta, hace un calor de cinco mil demonios haciendo una barbacoa? En definitiva: que a lo mejor (y exagerando un poco) logré dormir un par de horas justo después de que la batería del iPOD me dejase en la estacada.

¿Conclusión? Me he levantado con ojeras y más cansada que cuando me acosté. Y hoy me espera un largo turno de tarde de siete horas y media durante el que la teína tendrá que ayudarme a evitar lo que anoche impidió...

Pero bueno, era sabido que el último fin de semana de Agosto iba a hacer mal tiempo (¡yo lo sabía!). Porque son las últimas fiestas del verano (las mejores y más esperadas para algunos; para las que más y mejor curran otros; etc.) y porque, además, son los días previos a la llegada de mis queridos polaquitos...

En fin, que esperemos que la tormenta se haya descargado a gusto anoche, no vaya a ser que se me acojonen (más de lo que ya lo están) y me quede sin esas Luces de Septiembre que vienen de visita...

Y hablando de Luces de Septiembre, el noveno mes está a puntito de llegar, y con él la vuelta al cole; los exámenes; mi cumpleaños... ¡toda una depresión! Pero este es otro tema sobre el que ya habrá tiempo de escribir. O no... ¡Quién sabe!

Ánimo para los que se os acaban las vacaciones. Como bien dicen "el que avisa no es traidor" y yo ya os dije que este día llegaría... ¡jajaja! -insertar aquí risa malévola y totalmente justificada, porque yo no he tenido vacaciones y no me quejo...-.

30/7/08

Ese banco cualquiera...

Ese banco cualquiera...



-¿Te acuerdas de esta foto?
-¡Claro! La hice yo con tu móvil hace… ¿un par de semanas, no?
-Sí…
-¿Y qué tiene de especial?
-¿No lo recuerdas?
-No sé muy bien qué es lo que he de recordar…
-Yo estaba un poco triste y…
-Y… cansada. Te pregunté si querías sentarte en ese banco cualquiera que yo si veía y tú no. Entonces te pedí el móvil para sacarle una foto y ver si, por casualidad, se trataba de una especie de 'banco vampiro' o algo por el estilo. Aumentando la imagen con el zoom lograste verlo y varios pasos después nos sentamos…
-Sí…
-Entre lo del 'banco fantasma' y alguna chorrada más que debí decir, empezaste a reírte y ya no dejaste de sonreír durante toda la tarde.
-Ahá…
-Pero creo que el banco no tiene nada de especial, lo especial fue la tarde que pasamos en él, porque… ¿ves?, ahora también estás sonriendo…
-Ya, pero…
-Ya, pero… deja de buscar objetos especiales y créete de una vez por todas que lo realmente especial eres tú, sino… ¡vamos a necesitar un álbum de fotos enorme para guardar fotos de bancos, calles, plazoletas, bares, cines… especiales!
-Está bien…
-¿Sabes que estás preciosa cuando sonríes? Y también cuando te sonrojas, y cuando…
-Vale, para ya…
-¡Jajaja! Entonces… ¡tenemos un banco especial!
-¿Qué?
-Que me encanta cómo eres…

23/7/08

Jugando al escondite con la luna


Anoche, bajo el techo de una oscuridad en la que fácilmente se podrían esconder, dos salieron a soñar en esa enorme habitación desordenada que es el jardín secreto del mundo y terminaron jugando al escondite con la Luna.

Ambos buscaban sin saber qué pero con la firme certeza de hallarlo. Soñaron contándose historias que el uno desconocía de la otra y que la otra ni siquiera imaginaba del uno. Y así, en ese inmenso agujero que es la noche y en cuyo fondo podrían haberse escondido, sus secretos encerrados lograron escapar y ellos burlaron todas aquellas barreras que les separaban pasando a ser uno.

Y pasearon volando sobre el suelo.
Porque cogidos de la mano los miedos se vuelven cobardes.
Y sonrieron coloreando las estrellas.
Porque esa es su mejor arma.
Y sus risas iluminaron a la noche.
Porque todo lo pueden.
Y así, de pronto, le ganaron la partida a la luna.
Porque cuando uno pasa a ser dos, dos pasan a ser uno.

*Y de mil y una maneras en que su pequeño mundo podría haber sido invadido, el azar quiso que a ella le sonara su teléfono móvil. Nada importante, tan sólo un sms de publicidad pero que trajo de la mano a la banda sonora perfecta para esa noche:


16/7/08

Una calurosa tarde de verano cualquiera

Una calurosa tarde de verano cualquiera, en la que el termómetro dice que estás a 31 grados centígrados dentro de la tienda en la que trabajas (algo que no te extraña, porque entre el calor que desprende el ordenador detrás del que pasas la mayor parte del tiempo; el solazo que pega de lleno en el escaparate que queda a tu derecha y un largo etcétera más, que hace mucho calor ahí dentro no es una duda razonable), tú única escapatoria pasa por dar buena cuenta de un Granini Fruta Fresca (en su variedad de limonada con un toque de menta) al que, he de decirlo, me he vuelto adicta y salir a la puerta, dónde el aire sí circula y la brisa del mar (que a duras penas logra llegar, pero que llega) te permite respirar hondo y por fin con alivio, a fumar un cigarro.

Lo sé. Sé que resulta contradictorio salir a tomar el aire para, de paso, llenarte los pulmones con la mierda del tabaco, pero… ¡es lo que hay!

Y tú te sientas a fumar, y el solecito te acompaña, y la brisa te acaricia la cara y… lo escasamente idílica que pudiese parecerte la estampa, desaparece de un plumazo:

-Disculpe, ¿podría prestarme un mechero? –te dice un crio de no más de 14 años, con suma educación y aire demasiado ceremonioso (para mi gusto, claro…)-.

-¡Claro! Ten… -le respondo yo al tiempo que levanto la mano izquierda y le acerco mi Clipper azul celeste-.

-Muchas gracias, señora –dice al tiempo que se saca un cigarro del bolsillo-.

-¡Oye! Cómo me llames señora te quito el mechero… -le espeto desdibujando la amable sonrisa que ya le había prestado-.

-Jajaja, vale, vale… Si sólo era por educación… ¡Muchas gracias, guapa! –y me guiña un ojo-.

Extiende su mano, me devuelve el Clipper y se aleja calle abajo. Y yo, por mi parte, me quedo refunfuñando para mí: “¡¿pero qué educación ni qué ocho cuartos?! ¿Señora?, ¿a mí?, si sólo tengo 25 años… Será mocoso el crío, primero me llama señora y después me guiña un ojo, además… ¿qué hace fumando tan joven?”.

Tiro la colilla al suelo, la piso y entro de nuevo en la tienda pensando que yo empecé a fumar más o menos a su edad y que, después de todo, eso de “¿qué hace fumando tan joven?” es un comentario más típico de una señora que de alguien de mi edad…

Pero… yo sólo lo pensé porque él me llamó señora. Que no lo hubiese hecho… (sí, no hay duda de que, para algunas cosas, yo todavía sigo siendo una cría. ¡Y menos mal!).

10/7/08

La estatua de la discordia

Estatua Che Guevara - Oleiros (A Coruña)


El pasado martes, al volver de Coruña, se me dio por sacarle una foto con el móvil a la estatua que recientemente ha sido colocada en al Ayuntamiento de Oleiros (Coruña) y que tanta polémica está suscitando, para subirla al blog y hablar del tema...

La estatua del Che Guevara, ocupa una de las rotondas de la avenida que también lleva su nombre, concetamente entre las que llevan a las playas de Santa Cristina y Bastiagueiro. Se trata, de una estatua de bronce diseñada por los escultores cubanos Juan Quintanilla y Carol Williams y, en la que puede verse el rostro siluetado del Che siguiendo las líneas de una imagen tomada en su día por Alberto Korda y que se ha ido convirtiendo, con el paso de los años, en una de las más difundidas del mundo (todos la hemos visto alguna vez impresa en banderas, camisetas, pegatinas, pins, chapas y un largo etcétera).

Yo, personalmente, la defino como "estatua de la discordia" porque tanto su colocación como su precio (180.000 euros) no han resultados del agrado de gran parte de los habitantes del municipio coruñes. Muchos pensamos que no se trata de otra cosa que del capricho personal del actual alcalde y que esa cantidad (bastante importe) bien podría haber sido destinada para otros asuntos. Porque... basta con abrir un poco los ojos para darse cuenta de lo que falta o de lo que podría estar mejor. Creo yo...

Por otro lado, ayer cuando volvía para casa en el autobús, escucho en la radio que de madrugada un grupo de personas (que debían estar aburridas y sin nada mejor que hacer) han lanzado botellas llenas de pintura tanto roja como amarilla contra la estatua.

Señores... yo comprendo que protesten y estén a disgusto con la estatua de las narices y, también, que creean que 180.000 euros son muchos euros y que bien se podrían haber empleado para otras cosas, pero... ¿es que no se dan cuenta de que ahora el Ayuntamiento de Oleiros también tendrá que destinar más dinero para llevar a cabo la limpieza de la estatua?

En fin, que ahora son botellas de pintura pero... ¡a saber qué vendrá después! Porque hay gente que se ciega demasiado con ciertas cosas y que no hay manera de que atienda a razones...