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7/8/11

500 (days of life)

-¿Serías capaz de decirme qué has estado haciendo durante los últimos quinientos días de tu vida?
-Pues así de pronto... deja que piense: quinientos días vienen siendo más de un año, pero menos de año y medio. Y si cuento por los dedos, entonces voy hasta el mes de...
-Deja que te ayude: has de remontarte hasta Marzo del año pasado. Más concretamente al día veinticuatro (y ahí es cuando a mi se me ve el plumero)

Durante los últimos 500 días yo he estado siendo... básicamente feliz: y esa felicidad se resume en cuatro letras (mamá) más un nombre propio (Aleix). Sé que ya pasa de las 00:00 y que, por lo tanto, en realidad ya estaríamos en el día número quinientos uno, pero he estado muy ocupada disfrutando de mi niño. Es ahora, por la noche (y mientras él duerme) cuando me permito el lujo de "dedicarme a otras cosas", pero solo durante un rato, porque todavía disfruto mirando embobada como duerme...

9/7/11

472

Hace exactamente quince meses y quince días (472 días) que nació Aleix. A mi todavía continúa pareciéndome que fue ayer y sin embargo los días continúan pasando a velocidad de vértigo, sin que apenas me dé tiempo a darme cuenta.

Cada día que pasa, se aleja un poco más de ese ser indefenso y diminuto que llegó a nuestras vidas para hacerlas plenas y da un paso hacia adelante en su camino de convertirse en ese niño autónomo e independiente que muy pronto será.

Todavía recuerdo cuando me daba miedo el poder lastimarlo a la hora de vestirlo, bañarlo o simplemente al cambiarle el pañal… es cierto que ya nada de eso me asusta desde hace meses, pero no es menos cierto que ahora mis miedos sean otros.

Aleix se pasa el día corriendo de un lado para el otro, tratando de acceder a los lugares a los que antes no podía e intentando alcanzar todas y cada una de las cosas que antes se le presentaban unos centímetros más altas o más lejos. Botones como los del horno, la lavadora, la tv, el Dvd y demás, parecen tener un imán y lo atraen más que cualquiera de sus juguetes.

Hasta hace una semana, existía una pequeña circunstancia que nos daba un respiro y proporcionaba algo de tranquilidad y sosiego, pero aprendió a levantarse él solito del suelo y se acabó. Adiós al poder escaparte unos segundos al servicio, abrir la puerta, contestar al teléfono, etc.

Tiene muy claro lo que quiere, cuando lo quiere y con quién lo quiere. Cuando era más pequeño cualquiera podía llevárselo dónde fuera, ahora ya no… Y es que el “NO” lo domina a la perfección y no duda en utilizarlo cuando lo cree oportuno. Aunque no es su única palabra, junto al mamá, papá, abu, lela, tete y otras palabras que dice desde hace meses, ahora también sabe el nombre de los personajes de los dibujos que más le gustan y, además, le ha cogido gracia a llamarnos por nuestros nombres de pila y a utilizar ese “maaamiii” que le sale tan dulce y meloso con el que consigue todo cuanto se propone.

A veces me sorprendo a mi misma manteniendo conversaciones con él. Conversaciones a las que está atento y es capaz de responder a lo que le digo afirmando o negando algo, con un nombre, una palabra o una holofrase. Después lo pienso y llego a la conclusión de que es una de esas cosas que si no las ves no te las crees, así que simplemente sonrío y me las guardo para mí.

14/3/11

Sus ojos / mis ojos

Él se ve reflejado en mis ojos, sonríe y juega a tratar de alcanzarse. No es más que un simple juego, como otro cualquiera, exactamente lo mismo que el "cucú" que tanto le entusiasma. Es demasiado pequeño para entender que es el niño de mis ojos.
Yo le devuelvo la sonrisa y, adoptando también el papel de niña pequeña, juego a tratar de descubrir todos y cada uno de los sueños que se anclan en los suyos. Esos ojos llenos de un amor tan puro como incondicional y que están cargados de esas inocencia que un día el mundo también le hará perder a él.

22/12/10

Ya casi...

Ya casi llevo el mismo tiempo fuera de la barriga de mi mamá que dentro. El día 24 (Nochebuena) cumpliré nueve meses y ya tengo seis dientes (el séptimo está a puntito de asomar): cuatro arriba y dos abajo.

Soy un niño muy bueno que, realmente, sólo lloro cuando algo me duele; si me hago daño; creo que me han dejado solito o no me dejan tirar esas bolitas tan brillantes que cuelgan de un árbol que, hace unos días, han metido dentro de mi casa.

Me gustan todas las cosas que el pediatra le dice a mis papis que tengo que comer y también muchas de las cosas que comen los mayores. Solo hay una hay un par de cosas a las que les pongo mala cara: el zumo de frutas para peques y ese potito de farmacia de un día que fuimos de paseo a mamá se le ocurrió comprarme. Hace dos o tres días mi tita me dio un pedacito de una cosa que se llama polvorón y, desde entonces, nada más ver el envoltorio ya los reconozco y pido mi parte.
Mientras como y meriendo o, también, cuando mamá tiene que hacer algunas cosas, me quedo embobado viendo la tele. Mis dibus favoritos son Pocoyo, La Casa de Mickey Mouse, Manny Manitas, Jungla sobre ruedas y Bob esponja (aunque este último me gusta desde que, en casa, descubrimos que mami es capaz de imitar muy bien la voz de Patricio Estrella, que me hace reír muchísimo).

Me encantan los coches. Tanto los de juguete como los de verdad. De juguete tengo varios ya (incluidos esos rojos de la misma marca que el de un señor que corre mucho y se llama Fernando Alonso, que mi abuelo está coleccionándome para cuando sea un poquito más grande), pero mi favorito es uno que me regaló también mi abuelo cuando cumplí los ocho meses: tiene luces, camina en todas direcciones, gira y tiene música. De los de verdad me gustan todos. En el de mi papá hasta tengo una sillita que es solo para mí y que, además, es en la única en la que soy capaz de estarme quieto y sentadito el tiempo que haga falta. También me gusta verlos pasar cuando voy de paseo o, incluso, desde la ventana de casa.

También me gusta mucho la música. A mi manera, bailo suene lo que suene. Como, según dicen, nací el año en el que “La Roja” ganó una cosa Mundial porque un señor que se llama “Iniesta de mi vida” es español, la canción que más y mejor reconozco es el “Waka-Waka” de una tal Shakira que ahora dice que está Loca con su tigre (aunque eso no lo entiendo muy bien porque yo juego todos los días con mi Tigger de peluche y no es para volverse loco…). Pero también me gustan mucho las “Canciones Infantiles” que mi mamá me enseña, las de un tal señor Sanz (que son sus favoritas) y se me da muy bien bailar con la tita la “Danza Kuduro” que a mami tanto le horripila. Y no hablemos del anuncio de “magdalenas La Bella Easo, como las de antes, sin colorantes ni conservantes”…

Estoy empezando a andar, aunque todavía no lo hago solito ya me ayudan agarrándome solo de una de mis manitos.

Y no sé que más contar sobre mi… que tengo muchas ganas de ver a esa señora que dicen que se llama Navidad y que, aunque yo no la he visto, dicen que ha llegado hace días y también, de que venga el señor que viste de rojo y lleva una barba blanca porque me va a traer muchos regalos y creo que tres camellos también, aunque eso es después y no lo he entendido del todo…

Así que nada más: ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2.011! (y de parte de mi mamá también)

21/7/10

Parece que fue ayer...

… y dentro de apenas tres días ya va a cumplir cuatro meses. Y yo sigo sin acabar de creérmelo del todo. Muchas noches lo miro mientras duerme y, a los pocos minutos, termina por escapárseme alguna que otra lagrimilla (antes lo achacaba a las hormonas y los cambios propios del embarazo pero ahora ya asumo que me he convertido en toda una llorona).

No voy a empezar a enumerar la lista de cosas que ya sabe hacer o que está aprendiendo porque sonaría a la típica madre (las abuelas también lo hacen) que exagera y presume delante de los demás. Todas esas cosas me las guardo para contárselas a Aleix cuando sea más grande.

Lo que sí que no puedo dejar de decir es lo feliz que estoy y lo realizada que me hace sentir. Hay quién dice que las mujeres estamos en el mundo para mucho más que para traer descendencia al mundo y tienen mucha razón, pero… dentro de esas cosas ha de estar el ser madre (o al menos así lo veo yo).

Pensando y pensando llego a la conclusión de que no hay nada que se le compare. Terminar tus estudios, encontrar tu primer trabajo (y después el primero estrechamente relacionado con la carrera que has estudiado), llegar a casa con tu primer sueldo, emanciparte o cualquier cosa que queramos añadir a la lista de “cosas que hacen que nos realicemos” (por llamarlo de algún modo) es algo que ni siquiera se le acerca. Es muy gratificante recibir una remuneración económica o un “aplauso” por un trabajo bien hecho pero nada comparado con cada sonrisa de buenos días o con cada mirada que me regala mi pequeñajo sin pedirme nada a cambio.

Ser madre es un trabajo como otro cualquiera pero por el que no se recibe un sueldo. Tiene su estricto horario y sus obligaciones inamovibles. Hay días en los que sólo piensas en que llegue la hora de irte a la cama (y que el canijo no se despierte) y, cuando llega, caes rendida a la primera de cambio; hay otros días en los que todo se te hace cuesta arriba porque llora mucho (ahora que hemos dejado atrás los cólicos está empezando con los dientes y, aunque tardarán varios meses en empezar a salir, las encías empiezan a dolerle) y ya no sabes qué inventar para intentar calmarlo y, claro está, también hay otros días en los que todo parece ir rodado y no hace más que sonreír y hacerte descubrir cosas nuevas que no sabías que era capaz de hacer.

Y aunque termino cansada al final del día y no vuelvo a casa con un sueldo, como dice mi madre: “a cambio tengo el mayor de los tesoros que se puedan imaginar”.

P.D.: misión cumplida: he dado señales de vida, pero por hoy lo dejo ya (prometo no tardar tanto en hacerlo la próxima vez) porque el peque estará a punto de despertarse.

Un besote muy gordo para todos los que seguís por aquí y mil gracias por todos los e-mails y mensajes. ¡Hasta prontito!

12/4/10

Mi vida a intervalos de tres horas

El 24 de Marzo a las siete y media de la tarde nació (por parto natural) Aleix. Llevamos diecinueve días conociéndonos y, por mi parte (a saber qué diría el pobre si pudiese hablar…) tengo que reconocer que no podría ser mejor. Es un bebé realmente bueno y únicamente llora cuando tiene hambre o, durante los primeros días, con puñeteros cólicos que le tocaba soportar.
Al nacer midió 49 cm y pesó 3,450 grs., aunque a los 15 días ya había crecido cuatro centímetros y engordado 370 gramos.

Como anécdota del parto podría contar que a causa del hipo había contracciones que yo perdía, en las que no podía empujar (porque para ello es preciso inspirar y aguantar el aire dentro y con hipo… resulta del todo imposible) y que al peque también le tocó sufrir su primer hipo nada más nacer. Después… comenzó a hacer pompitas con la saliva y nosotros (su padre –que fue más valiente de lo que yo hubiera apostado jamás y no se apartó de mi en ningún momento e, incluso, cortó el cordón- y yo) a llorar como un par de tontos. Aunque lo cierto es que yo todavía sigo llorando. Hay momentos en que me quedo embobada mirándolo mientras duerme o mientras come y no puedo evitarlo.
Por lo demás (en referencia al parto), yo me sigo preguntando lo mismo: ¿no se suponía que dolía tantísimo? No voy a negar que duela porque estaría mintiendo, pero no es para tanto. De hecho, yo prefiero mil veces volver a pasar por un parto que por una neuralgia o por el flemón que me acompañó durante el último mes y me molestó, dolió e incordió muchísimo más que todo lo relacionado con el embarazo.

Hoy, el día en que mi niño cumple 19 días de vida, es un día especial para nosotros dos, porque es el primero en que nos quedamos solos y tenemos que apañárnoslas como mejor sepamos y hayamos aprendido en los días anteriores. Papá, la tía y los cuatro abuelos han terminado ya sus vacaciones, sus permisos y sus días libres y sólo quedamos Aleix y yo. Estaba bastante asustada pero la verdad es que lo llevamos realmente bien (y para prueba de ello este post que… no podría estar escribiendo si el peque no durmiese plácidamente en su cuna).

Y por el momento nada más. Únicamente quería dar señales de vida, decir que estamos los dos muy bien, que todo ha ido de la mejor manera posible y que, poquito a poco, vamos aprendiendo a ver el cielo más azul a intervalos de tres horas (que es cuando Aleix abre los ojos porque llega la hora del siguiente biberón).

17/12/09

A tu ritmo...

Todavía recuerdo a la que fue mi profesora de Pedagogía musical hablando de la importancia de la Música en nuestras vidas y, dentro de ésta, de la importancia del ritmo musical.

Decía que el ritmo es la base de la música, lo que la acota y define. Lo que, en definitiva, la convierte en lo que es y que hace que tenga una forma y unas características determinadas y no otras. Además, continuaba diciendo que el ritmo (así como la música) nos rodea y está presente en todas partes: en nuestra vida diaria, en la naturaleza, en el transcurso del tiempo, en nuestra respiración, en la lluvia, etc.

Y no es hasta ahora en que realmente la comprendo y le doy toda la razón.

Porque… el ritmo de mi respiración no se ha cortado a causa de los 3’5 grados de temperatura que había esta mañana en la calle; tampoco al saber que en el Centro de Salud se les había estropeado la calefacción; ni siquiera al notar ese gel tan frio sobre mi tripa. Se cortó al comenzar a escuchar tus latidos; para no perderme ninguno; para no dejar de fijarme en la sonrisa tontorrona de tu padre y en el rubor de sus mejillas…

Y es que mi vida avanza en base al ritmo que marcan todos y cada uno de tus movimientos dentro de mi tripa.

2/12/09

¿Vamos de compras?

¿Cuántas veces habremos hecho esa pregunta y cuántas la habremos oído? Para algunos la respuesta será siempre un claro sí, otros correrán a esconderse para que nadie los encuentre y así librarse de sus tan odiadas compras y otros… otros fingimos sonrisa y acatamos con un “venga, vale, sí…”. Y es que hay veces que no te queda más remedio que ir de compras.

A mí, ahora, me toca comprobar en primera persona cuáles son los pros y los contras, lo mejor, lo peor, lo menos bueno y lo menos malo, etc. de un embarazo. Así que dejando a un lado esas pequeñas grandes maravillas que me guardo para mí y prefiero no compartir y, por otro lado, obviando ciertas cosas poco agradables, incómodas y menos buenas, hoy voy a hacer referencia a ese lado tan superficial de todo embarazo que no es otro que las compras.

Es evidente que esa nueva vida que viene en camino va a necesitar un sinfín de cosas con las que has de ir haciéndote poco a poco, pero no lo es menos el hecho de que tu cuerpo cambia y pide a gritos otro tipo de cosas, de tallas, etc. Y son precisamente esas cosas las que, al menos a mí, menos me apetece tener que comprar. ¿Y por qué? Es sencillo: la ropa pre-mamá es horrorosa por definición.

Tú, incauta, vas a esas tiendas (a las que no pienso hacer publicidad) especializadas y no encuentras más que cosas horrendas, extrañas y que convierten a la que se las pone en un anuncio ambulante (tanto de dicha tienda, ya que la marca está por todas partes, como de su estado, porque en todas y cada una de ellas pone mamá o algo similar. Y de los precios ni hablemos).

Y ahí pasa como en la guerra, si te rindes a la primera de cambio pierdes la batalla y te conviertes en mujer-madre-anuncio, pero si por el contrario decides seguir buscando porque tienes fe en que no todo sea así, al final darás (no sin esfuerzo) con ese otro tipo de tiendas en las que tienen ropa “normal”, ropa del tipo de la que acostumbras a utilizar y en la que, además, hay lugar para tu tripa.

Por otro lado (y por suerte) están las otras compras, las que son para el bebé y esas (por experiencia tanto propia y de los que me rodean) le encantan a casi todo el mundo. Nos convierten en seres realmente consumistas.

Y hablando de esas compras, el otro día vi un pijamita en unos grandes almacenes que se convirtió en mi primer y verdadero antojo. Fue amor a primera vista. Y es que… su dibujo se me asemeja total y absolutamente a un charquito de estrellas (y esto, quién realmente me conoce, sabe lo que significa).

pijamita

Por otro lado, al papi (a quién se le cae la baba más que a mí) le pasó algo similar con algo que… bueno… no sé muy bien cómo decirlo, digamos que con algo que atenta un poco contra esos principios de “nosotros, como padres, dejaremos que elija” y contra esa frase que una servidora le dijo a su querido padre: “pues que ni se te ocurra comprarle el chándal del Madrid porque no se lo pienso poner. Y yo tampoco le voy a comprar el del Barça. Esperaremos a que crezca y que elija qué equipo le gusta y si le gusta alguno”. Pero claro, papi no sabía nada de eso y apareció en casa con un mini chándal culé que a mí, sobra decir, que me encantó. Además, me lo dio el sábado y el domingo ganamos, así que yo creo que trae buena suerte… :P

Mini chándal culé

P.D. Y ya para terminar, como el azul celeste es mi color y chándales del Barça he tenido varios, sé que eso no despeja ninguna incógnita y como además alguien me pidió en un comentario que os sacara de dudas, pues… diré que es niño ;)

19/11/09

Ahora, déjame que...

Ahora que nos hemos quedado TÚ y yo solos, déjame que te explique que aquella gota de agua fría que se derramó antes sobre mi tripa, no era otra cosa que una lágrima que se me escapó sin darme cuenta, resbalando por mi mejilla y yendo a parar a ti…

Ahora que nadie nos mira, déjame que vuelva a llorar de nuevo. No lo haré por pena ni miedo, tampoco será por ese nerviosismo que se apodera de mi cada vez que ese señor de la bata blanca tiene algo nuevo que contarnos. Lloraré como desahogo, para sacar fuera toda esa tensión que me paraliza cada vez que cabe la posibilidad de que algo vaya a no estar bien.

Ahora que no hay nadie más, déjame darte las gracias: por no dejar de crecer día tras día, por moverte (y moverte tanto) y, también, por dejarnos verte y escuchar cómo late tu corazón sin ponérnoslo demasiado complicado.

Ahora que yo he decidido tumbarme mientras tú prefieres no dejar de moverte (impidiéndome que duerma la siesta), déjame que sonría mientras me acaricio la tripa por enésima (aunque jamás última) vez en el día…

13/10/09

Desde que sé que existes…

… todo es diferente (el mundo, mi vida e incluso yo).
… como más que antes y soy incapaz de dormir una noche entera del tirón.
… lloro el doble y sonrío el triple.
… también sé que te quiero y que moriría y mataría por ti.
… soy infinitamente más feliz que antes pero, a la vez, todo me da muchísimo más miedo.
... Él y Ella desaparecen y dejan de importar, dando paso al nosotros y al TÚ.
… no ha habido una décima de segundo en la que haya estado o me haya sentido sola.
… he dejado de fumar (y visitado más médicos que en toda mi vida).
… realmente he empezado a mirarme el ombligo y a que lo único importante que de mi refleje el espejo sea la tripa.
… me he vuelto incluso más dependiente de tu padre de lo que lo era antes.
… he aprendido a contar en semanas y días (y los segundos se me alargan cada día más).
… mis prioridades han cambiado (también mis miedos, mis guerras, mis preocupaciones y mis pequeñas grandes batallas).
… estoy dispuesta a renunciar al azul celeste por el rosa (si así tú lo dictas).
… adoro que tu padre se dirija a mí en segunda persona del plural.
… no he dejado de hablar de ti pero, a la vez, me ha entrado un extraño bloqueo a la hora de escribir sobre ti (hasta ahora. Parece ser…).
… también sé que tú eres y serás siempre lo mejor que yo vaya a hacer en la vida.

Y es que… desde que sé que existes, lo único importante eres tú y yo no soy más que la cajita (o mejor dicho el cofre) dentro del cual está el mayor de los tesoros (ese que tu padre ha jurado proteger con su vida, igual que yo…).