Mostrando entradas con la etiqueta Él y ella. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Él y ella. Mostrar todas las entradas

13/10/09

Desde que sé que existes…

… todo es diferente (el mundo, mi vida e incluso yo).
… como más que antes y soy incapaz de dormir una noche entera del tirón.
… lloro el doble y sonrío el triple.
… también sé que te quiero y que moriría y mataría por ti.
… soy infinitamente más feliz que antes pero, a la vez, todo me da muchísimo más miedo.
... Él y Ella desaparecen y dejan de importar, dando paso al nosotros y al TÚ.
… no ha habido una décima de segundo en la que haya estado o me haya sentido sola.
… he dejado de fumar (y visitado más médicos que en toda mi vida).
… realmente he empezado a mirarme el ombligo y a que lo único importante que de mi refleje el espejo sea la tripa.
… me he vuelto incluso más dependiente de tu padre de lo que lo era antes.
… he aprendido a contar en semanas y días (y los segundos se me alargan cada día más).
… mis prioridades han cambiado (también mis miedos, mis guerras, mis preocupaciones y mis pequeñas grandes batallas).
… estoy dispuesta a renunciar al azul celeste por el rosa (si así tú lo dictas).
… adoro que tu padre se dirija a mí en segunda persona del plural.
… no he dejado de hablar de ti pero, a la vez, me ha entrado un extraño bloqueo a la hora de escribir sobre ti (hasta ahora. Parece ser…).
… también sé que tú eres y serás siempre lo mejor que yo vaya a hacer en la vida.

Y es que… desde que sé que existes, lo único importante eres tú y yo no soy más que la cajita (o mejor dicho el cofre) dentro del cual está el mayor de los tesoros (ese que tu padre ha jurado proteger con su vida, igual que yo…).

6/5/09

Ella y él (II)

Otra noche cualquiera, mientras sentada sobre la cama ella escribe una nueva página de la historia de ambos, él se sienta a horcajadas tras ella, aparta su pelo y, apoyando la barbilla sobre su hombro, comienza a leer. Ella gira la cabeza y lo mira. Acto seguido tapa con sus manos lo que ha escrito.

-¿Qué haces? ¿Por qué lo tapas? –pregunta él con asombro-.
-No… -responde ella- ¿qué haces tú? ¿Por qué lo lees?
-Ya sabes que lo hago. Juraría que no te molestaba…
-Pero no así. Me gusta más cuando lo haces a escondidas, mientras duermo…

Él sonríe y apoya su espalda contra el cabecero de la cama. Ella continúa escribiendo y veinte segundos más tarde se gira y le pregunta:

-¿Te has enfadado?
-No, para nada. Sabes que no puedo enfadarme contigo.
-Entonces… ¿por qué estás tan callado?
-Pensaba…
-¿Y en qué pensabas?
-Pues… en que si yo escribiera un diario, necesitaría marcar todas y cada una de las páginas que hablan de ti…
-¿Y…?
-Pues que no creo que existan tantos marca-páginas en el mundo…

25/4/09

Ella y él (I)

Ella escribe historias que no entienden de razón, historias de esas que carecen de argumentos y porqués, y que plasma con cada una de sus lágrimas, con cada beso que se le escapa y con cada suspiro que derrama. Encierra su alma en un sinfín de páginas cuya única función será afirmar que la suya no pasará a engrosar una eterna lista de relaciones suicidas. Y las guarda, guarda todas y cada una de las páginas que escribe por temor a que puedan perderse. Pero no las esconde, ya que (para ella) son demasiado importantes como para hacer que nadie fuese a encontrarlas jamás.

Noche tras noche, sin que ella lo sepa y una vez que se ha dormido, él las lee una vez tras otra hasta que consigue almacenarlas en lo más hondo y profundo de su ser.

Y una noche cualquiera (supongamos que fue ayer), él decide contarle su pequeño secreto consiguiendo así que ella logre por fin escapar de los temores de veinticuatro horas grises y regalándole (a ella y sólo a ella) un perfecto amanecer teñido de azul.

amanecerteñidodeazul

Y quizás (tal vez y sólo tal vez) a partir de ahora vayan a ser dos las caligrafías que continúen llenando las páginas de una historia que, en realidad, no ha hecho más que empezar…

22/3/09

Alquimia de invierno

El invierno trae el gris de un cielo húmedo y una ciudad hastiada que parece tener la potestad de traspasar las cuatro paredes de su habitación inundando cada uno de sus rincones. El tiempo, por su parte, ejerce de juez y verdugo. Sentimientos sentenciados, lágrimas degolladas y tristeza aniquilada no son ya más que los pocos retazos que quedan de una primavera de dolor en la piel y un corazón que pasa de latir a demasiadas pulsaciones por minuto a estar casi a punto a pararse por completo.

El frio del invierno deja atrás lo cálido de la primavera, congela, aísla y paraliza. Sella las heridas de los meses que le precedieron y solidifica lágrimas creando improvisadas estalactitas de las que resulta más sencillo deshacerse. La nueva estación es la alquimia capaz de devolverle el brillo que, meses atrás, tuviera su mirada. Un brillo que para él no pasa desapercibido durante la primera ocasión en que sus ojos se cruzaron con los de ella. Un brillo que, por desgracia, no afecta de igual modo a su corazón (que continúa congelado, aislado y paralizado).

Mil y una excusas urde su cabeza para no permitirle aceptar que él le hace falta. Trescientas excusas tan sólidas como los muros de un castillo de naipes. Decenas de razones inventadas y centenares de odiosas generalizaciones con invitación directa a mirar hacia el pasado…

Los días continúan pasando y, por tanto, el tiempo vuelve a entrar en escena colocando cada cosa en su lugar y a él (quién poco a poco ha ido tatuándose en su alma) en su vida.

Sus ojos gritan más que las palabras de cualquiera y su sonrisa se dibuja una vez tras otra en los sueños de ella. Sueños de los que él se reconoce como protagonista y ella lo sabe (y no pudiendo esconderlo, se sonroja). Pero a causa de que el miedo es el inquilino de más peso en la maleta de su vida, hay veces en las que ella no llega y otras en las que se obliga a frenar en seco para no pasarse de largo.

De nuevo, regresa la primavera. Esa que (como es sabido) se encarga de descongelar (corazones heridos) y hacer florecer (sentimientos que permanecían dormidos en absoluto estado de hibernación).

Y, con ella… un primer beso (más consentido que robado) a media luz. Una mano en la cintura de ella. Sus labios en su cuello de él. El sonido de dos corazones que, por fin, no laten a contratiempo. Un pasado olvidado. Infinitas páginas en blanco de un diario de vida conjunto que escribir…


Imagen: Gold Country Artists Gallery.

17/3/09

¿Por qué y desde cuándo? En 65 palabras

Por qué te quiero en 65 palabras
Desde cuando te quiero en 65 palabras

Este post nace a raíz de un post de Laura que leí hace unos días. Desde que vi ese video le he estado dando vueltas al asunto y este es el resultado (65 + 65). Me ha costado resumirlo tanto, pero... podéis contarlas si no os fiáis, jejeje.

23/2/09

El reloj

A un afamado relojero invidente le es encargada la elaboración de un reloj que colgará de una de las paredes de la Estación de tren de Nueva Orleans.
Durante el proceso de fabricación de dicho reloj el relojero recibe la noticia de que su hijo es una de las bajas que ha causado la Primera Guerra Mundial. Tras conocer tal fatídico suceso, decide invertir el mecanismo interno del reloj para que el tiempo, en lugar de avanzar, retroceda como poético intento de que su hijo le sea devuelto con vida y no dentro de una caja de pino.

Estando el reloj ya terminado y colocado en la Estación de tren, el día en que termina la Guerra viene al mundo un bebé con un mecanismo biológico interno igual al del reloj. El pequeño nace viejo (con arrugas, cataratas, artritis y demás apariencia y limitaciones físicas propias de la vejez) y, año tras año, irá rejuveneciendo y pasando por las distintas etapas de la vida de una persona.

A grandes rasgos esta sería la sinopsis de El curioso caso de Benjamin Button, la hoy considerada como la gran perdedora en la ceremonia de los Oscars de anoche. [por cierto, ¿habrá alguien a quién no se le inundasen los ojos de lágrimas (por muy levemente que fuese) cuando los padres y la hermana de Heath Ledger subieron a recoger el Oscar por su papel de Joker en Batman. El caballero oscuro?]


La historia de Benjamin Button y la del reloj de la Estación de tren de Nueva Orleans, tanto de manera conjunta (ya que están estrechamente relacionadas) como por separado, pasan a engrosar mi lista personal de esas historias que, una vez que las conoces, te hacen pensar, meditar, darle vueltas a lo que cuentan y plantearte muchas cosas…

Por un lado, y basándome en la parte romántica del asunto, sí… llegado el momento yo también estaría dispuesta a cuidar al niño en el que fueses a convertirte si a ti no te importasen mis arrugas y, por otro lado, está ese reloj invertido que aunque no vaya a devolvernos lo perdido en el pasado, quizás si pinte mucho en determinados momentos de nuestra vida…

Ir a ver la película supuso mi primera salida de casa por placer tras un plazo de tiempo que, aunque corto, a mí se me antojó eterno. Y ahora, a toro pasado (que suele decirse), no puedo evitar pensar en que el reloj que marca el ritmo del libro de vida en el que está escrito mi destino, haya invertido su mecanismo durante un breve tiempo. Quizás para darme una lección, tal vez para hacer que me plantee ciertas cosas de otro modo o muy probablemente no sean más que imaginaciones mías y, en realidad, lo de hoy no es ese supuesto clic que hace que las agujas de mi reloj de vida vuelvan a avanzar hacia delante y con normalidad.

Y quizás, en breve, para mí el tiempo vuelva a retroceder por el pánico que tengo a lo que pueda pasar el miércoles y a lo que venga a raíz de ello, pero mi realidad es que el jueves empiezo como Profesora de gallego y que quiero que tanto el haber recibido hoy la noticia como el hecho en sí sean esos clics que, tal vez sin darme cuenta, yo estaba pidiendo a gritos teniendo la garganta muda.

Y que todo va a ir bien, porque así tiene que ser. Que ninguna de las dos semerece que no sea así y que tanto a ti como a mí ya nos toca que nos vaya bien, muy bien, realmente bien…

3/1/09

El almanaque

Él encontró en un cajón las hojas perdidas de un almanaque ya caducado en el que ella había marcado con tinta roja sus deseos. Leyó sus buenos propósitos para enero, las promesas de febrero, los planes de marzo, las esperanzas de abril, los sueños de mayo y, al llegar al mes de junio, decidió dejar de pasar hojas. Fue hasta ella, que sentada en el porche leía aquellos versos que nunca se atrevió a terminar y, tras llamar su atención con una leve caricia en el rostro, comenzó a romper de una en una las doce páginas del almanaque.

El fallo no está, cariño -le dijo al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa-, en no haber usado el rotulador verde de la esperanza, sino en tratar de enjaular y delimitar la libertad de sueños, promesas y anhelos bajo las rejas del simple paso de unos cuantos días.

Ella simplemente cerró los ojos y le siguió con paso firme y confianza ciega, entendiendo por fin que lo que hubiera hecho o dejado de hacer ayer no importaba y que daba lo mismo lo que fuese a ocurrir mañana siempre y cuando, claro está, ocurriese a su lado…

5/12/08

ParaSiempre

Érase una vez la historia de un tal PARASIEMPRE que, tras conocerte, realmente empezó a creer en sí mismo, haciéndose amigo del FUTURO, fiel compañero del PASO A PASO y aliado de los SUEÑOS que sí se hacen REALIDAD en todas y cada una de las batallas en las que, poco a poco, el AMOR va ganando una guerra en la que la muerte no existe y la VIDA siempre es PAR (divisible y múltiplo de DOS).

17/11/08

Hasta llegar a enloquecer

Era una de esas tardes de Sábado en las que las que, como ya hacía mucho tiempo que no teníamos, cambiábamos la sobremesa por un par de cafés [vieneses, bien calentitos y con mucha espuma, en esa pequeña cafetería que tanto te gusta [quiero pensar que porque yo te la descubrí] y en la que siempre nos toca tener que esperar antes de poder entrar porque las pocas mesas que tiene están ocupadas] y algunos euros de gangas dudosas en el mercadillo.

Me gusta ir contigo al mercadillo. Y no porque nunca me dejes pagar a mí, sino por lo mucho que me haces reír cuando criticas y te burlas de todo lo que se te antoja. Eres como ese niño que todo lo toca, pero en lugar de para que te lo compre, para asegurarme que tú no lo comprarías jamás y, si es preciso, pasas a enumerarme tu larga serie de disparatados motivos.

Mientras yo curioseaba los puestos, tú improvisabas el robarme besos que resultaban ser la coartada perfecta para rehuir charlas interminables con esas vecinas cotillas que tanto te incomodan.

Y fue tras uno de esos besos, durante los breves instantes en los que yo me quedo abrazada a tu cuello mientras tú tratas de hacer que me sonroje con lo que me susurras al oído, cuando le vi:

Mis ojos se cruzaron con los suyos y, por primera vez en muchísimo tiempo, fui capaz de aguantarle la mirada hasta que él no pudo más y la apartó. Creo que hacía más de un año que no le veía y aunque estaba muy cambiado, en el fondo seguía siendo el mismo de siempre [de no ser porque ese aire descuidado suyo de siempre, a mí ahora me resultaba incluso grotesco].

Nos conocimos en el colegio y hasta el instituto compartimos pupitre el uno al lado del otro [porque así lo establecían las iniciales de nuestros primeros apellidos y el riguroso orden alfabético]. Con el paso de los años nos hicimos inseparables. Compañeros, confidentes y, sobre todo, amigos. Muchas veces he pensado en qué habría pasado si no nos hubiesen sentado juntos el primer día de clase o si el apellido de alguno de los “recién llegados” hubiese estado entre los nuestros. ¿Quién hubiera estado dispuesto a plagiar mi letra tan bien y a intercambiar conmigo los exámenes de Física y Química para completarme las preguntas de formulación? ¿Quién te habría ayudado a ti con las declinaciones y la gramática y el vocabulario de Inglés?

Fueron precisamente esas asignaturas que se nos daban tal mal a cada uno, las que hicieron que nos separásemos y tomásemos caminos distintos. Quién nos lo iba a decir a nosotros… que hasta bromeábamos diciendo que, de haber nacido un siglo atrás y dada la adoración que tu madre sentía por mi abuela y la buena posición de tu padre, el nuestro hubiera sido uno de esos matrimonios de conveniencia…

Aunque, en realidad y sin darnos cuenta [ahora lo sé], empezamos a separarnos mucho antes. Dicen [y es cierto] que las mujeres maduramos antes que los hombres. Así que imagino que mientras tú seguías jugando en los recreativos, yo empezaba a jugar a querer ser mayor memorizando los datos del DNI de la [amiga de la prima de la conocida de una amiga] que, teniendo la edad oportuna, más se me pareciera.

Ahí empezó. Mientras que por semana y durante los días en que teníamos Educación Física te pedía tu chaqueta cuando salíamos al pabellón, con la estúpida excusa de que me había olvidado la mía y tú me la prestabas porque, en realidad, la habías llevado porque sabías que yo te la pediría, y yo me pasaba el resto del día oliendo a ti [y suspirando porque olía a ti] y con tu colonia impregnada en mi ropa, los fines de semana [por tu culpa, porque no querías salir de fiesta con los demás…] me fijaba en los mayores y empezaba a dejar que me hicieran sufrir porque era tan tonta que no me daba cuenta [o que no quería admitir] que me había enamorado de ti.

Y tú [y eso también lo supe después, mucho después…] también te habías enamorado de mí y por eso no querías salir los fines de semana con los de clase, porque no querías dejar que yo te hiciera sufrir, porque eras tan tonto como yo y no te dabas cuenta de que yo estaba loca por ti.

En realidad, no duró más de unos segundos, pero que se me antojaron eternos a causa de la cantidad de imágenes del pasado que se agolpaban en mi cabeza, y mentiría si dijera que no me gustó volver a verle y recordar todo aquello pero, nada comparado con lo que me gusta que me beses en el cuello exactamente del mismo modo en que empezaste a hacerlo justo cuando todas y cada una de esas imágenes desaparecieron de mi cabeza.




Y luego, al subirnos en el coche, una vez más vuelves a decirme que tengo tres segundos para adivinar la canción que vas a poner; a mí me sigue sobrando uno y medio para saber que es “Hasta llegar a enloquecer”; subes el volumen y yo la canto a voz en grito mientras tú arrancas y sonríes…



9/11/08

Partitura en MI sostenido

Sábanas de un blanco impoluto y las cinco líneas que, de manera imaginaria, se te antoja que forme mi cuerpo, configuran ese pentagrama sobre el cual dibujas melodías imposibles en noches en las que los silencios se olvidan y los gemidos pasan a ser una necesidad; bajo la tenue luz de algunas velas y con el vaho acumulado en los cristales de las ventanas como único testigo.

Primero tus dedos, después tu boca y más tarde tu lengua, colocan blancas, negras y corcheas a tu antojo. Silencios que frenan de manera estratégica y, bemoles y sostenidos que aumentan y disminuyen el ritmo de mi respiración.

Como si de una horda de bárbaros se tratase, ellos [primero tus dedos, después tu boca y más tarde tu lengua] incendian y devastan cada región de mi cuerpo. Sin detenerse ante límites ni fronteras. Sin pagar tributo alguno.

Yo, simplemente, me convierto en ese piano que sólo tú sabes afinar. Mi cuerpo se divide en una interminable sucesión de teclas que pulsas a tu elección dando origen a una partitura en la que el Mi es siempre sostenido.

Cuando la música termina, pequeñas gotas de agua que resbalan por los cristales de las ventanas [como ese público que, tras conceder el aplauso, abandona el cine o el teatro], comienzan a bajar también por tu espada.

Y tras un afónico te quiero, me duermo [mientras tú me abrazas y me acaricias el pelo] sobre el calor de un cuerpo junto al que en las frías noches de invierno siempre es verano y tras haber formado parte de esa banda sonora que precisa toda historia de amor que se precie de serlo...


3/11/08

Una mañana de domingo

Amanecía sin amanecer. Frio, oscuro y desierto. Un bostezo subía la reja, otro abría la puerta, el tercero desconectaba la alarma, el cuarto saludaba al repartidor de la prensa y el quinto pedía a gritos un café doble, bien cargado, con poca leche y mucho azúcar.

Mientras colocaba la prensa del día [junto a sus respectivos suplementos y añadidos] por riguroso orden establecido: en la primera fila los diarios, en la segunda la prensa deportiva y, un poco más al fondo, la prensa extranjera, veía a través de la cristalera del escaparate cómo los adolescentes más remolones volvían a sus casas dibujando una carretera poblada de curvas sobre el improvisado lienzo en que se había convertido la acera.

Un nuevo camión de reparto le trajo el olor del pan recién horneado y, tras el primer sorbo de café [doble, bien cargado, con poca leche y mucho azúcar] la necesidad por darle sucesivas caladas al primer cigarrillo del día.

Salió a la puerta y el frio de esa mañana de abrigo obligado se introdujo en sus huesos. Un escalofrío recorrió su espalda al tiempo que, del bolsillo derecho, sacaba un mechero y encendía el ansiado y lento veneno. El humo que invadía sus pulmones se le antojaba como el placebo perfecto para curar sueño, frio, oscuridad y silencio.

Tras apagar la colilla, levantó la mirada y pudo presenciar como los primeros rayos del Sol derrocaban a la despótica alba que a regañadientes abandonaba su trono. El azabache del cielo dio paso a un gris cada vez más leve, y éste a un azul que poco a poco se iba afianzando y dando color celeste al cielo, su color.

Apenas había nubes cuando una melodía la sacó del estado de ensimismamiento en el que estaba. Sacó su teléfono móvil del bolsillo izquierdo de su abrigo y tras desplegar la tapa del mismo, la melodía cesó dando paso a una voz conocida, agradable y cálida. Escasos minutos de conversación bastaron.

Iba a volver a entrar cuando un suspiro la hizo volver a mirar al cielo. En él, una única nube se convertía en cómplice de ese momento. En su cabeza, volvía a sonar la misma melodía: Flor de Luna.

Y tal vez tan sólo fueran imaginaciones suyas, consecuencia de que todavía estuviese adormilada o, tal vez, delirios de una boba enamorada, pero… aquella nube [al menos para ella] tenía forma de guitarra. De esa única guitarra que basta para suene esa misma melodía.


21/8/08

Y me desperté pensando en tí...

Esta mañana me he despertado pensando en tí. ¡Qué novedad! -pensarás- Pero sí que lo es. Normalmente el primer pensamiento del día se lo dedico a los minutos (quizás horas) que me gustaría seguir durmiendo...

Y pensando, pensando... acabó entrándome el pánico. Un pánico irracional a perderte, a pensar en la posibilidad de seguir sin tí.

He caído en la cuenta de lo mucho que he cambiado (o me has cambiado) con el paso del tiempo. El cambio me gusta, mentiría si dijese lo contrario, pero tiene una pega: que sólo tiene sentido a tu lado. Porque sólo tú podrías haber logrado que yo realmente me sienta como la princesa de los cuentos en los que nunca creí. Tal vez (y sólo tal vez) la prueba de que mi príncipe azul sí existe, se encuentre en un minúsculo lunar también de color azul (porque es azul) que tan sólo es perceptible entre sábanas arrugadas.

Un día me preguntaste qué era lo que me gustaba de tí y yo te enumeré la larga lista de típicos y tópicos extrictamente necesarios e imprescindibles, pero no te hablé de esas pequeñas cosas que marcan la diferencia y que te convierten en lo que eres y significas para mí.

No te dije nada de las cadenas que cada día inventas para que me aten a tí en contradicción con las alas que me brindas para ser libre; tampoco que creo que el cincuenta por ciento de las cosas que tenemos en común es tanto o más importante que el cincuenta por ciento restante, ese cincuenta por ciento que nos hace diferentes y, en lugar de alejarnos, simplemente nos da aire para respirar.

Me encanta, después de mucho insistir, haberte prestado un libro y que ahora me apures para que termine el que tengo a medias y te lo preste. A tí, que no te gusta leer (¿o era que no te gustaba? Ya no lo tengo tan claro...). Y es genial que, ni por asomo, tengamos el mismo gusto musical y al subirme en tu coche me digas que tengo tres segundos para adivinar la canción que vas a poner; que a mi me sobre uno y medio para saber que es "Completamente loca"; que me dejes subir el volumen y cantarla a voz en grito mientras tú arrancas y sonríes...

No sabes que me gusta presenciar, como mera espectadora, las locuras que se os ocurren a mi hermana y a tí; que no recuerdes ninguno de los nombres de ese árbol genealógico que mi madre se esmera en explicarte mientras Noe y yo hacemos bromas acerca de alguno de esos miembros de mi familia; que vayas con mi padre a los partidos de fútbol; que soluciones cada dos por tres los problemas de mi abuelo con el TDT; que escuches con total y absoluta paciencia cada charla interminable de mi abuela y, además, a pesar de que te diga que me fastidia, me enternece que el perro te haga más caso a tí que a mí...

Pero también es cierto que detesto creer que contigo existe el "para siempre" porque al creerlo me da miedo que realmente sea cierto y pueda perderte.

Lo bueno es que ese miedo y ese pánico que ahora siento, desaparecerán (al menos momentáneamente y hasta la próxima vez que vuelva a aparecer) cuando escuche el motor del coche y te vea llegar porque, aunque tampoco te lo he dicho, también me gusta que las semanas impares vengas a buscarme al trabajo y que las pares, me lleves a pasear. Y esta semana es par...

30/7/08

Ese banco cualquiera...

Ese banco cualquiera...



-¿Te acuerdas de esta foto?
-¡Claro! La hice yo con tu móvil hace… ¿un par de semanas, no?
-Sí…
-¿Y qué tiene de especial?
-¿No lo recuerdas?
-No sé muy bien qué es lo que he de recordar…
-Yo estaba un poco triste y…
-Y… cansada. Te pregunté si querías sentarte en ese banco cualquiera que yo si veía y tú no. Entonces te pedí el móvil para sacarle una foto y ver si, por casualidad, se trataba de una especie de 'banco vampiro' o algo por el estilo. Aumentando la imagen con el zoom lograste verlo y varios pasos después nos sentamos…
-Sí…
-Entre lo del 'banco fantasma' y alguna chorrada más que debí decir, empezaste a reírte y ya no dejaste de sonreír durante toda la tarde.
-Ahá…
-Pero creo que el banco no tiene nada de especial, lo especial fue la tarde que pasamos en él, porque… ¿ves?, ahora también estás sonriendo…
-Ya, pero…
-Ya, pero… deja de buscar objetos especiales y créete de una vez por todas que lo realmente especial eres tú, sino… ¡vamos a necesitar un álbum de fotos enorme para guardar fotos de bancos, calles, plazoletas, bares, cines… especiales!
-Está bien…
-¿Sabes que estás preciosa cuando sonríes? Y también cuando te sonrojas, y cuando…
-Vale, para ya…
-¡Jajaja! Entonces… ¡tenemos un banco especial!
-¿Qué?
-Que me encanta cómo eres…

23/7/08

Jugando al escondite con la luna


Anoche, bajo el techo de una oscuridad en la que fácilmente se podrían esconder, dos salieron a soñar en esa enorme habitación desordenada que es el jardín secreto del mundo y terminaron jugando al escondite con la Luna.

Ambos buscaban sin saber qué pero con la firme certeza de hallarlo. Soñaron contándose historias que el uno desconocía de la otra y que la otra ni siquiera imaginaba del uno. Y así, en ese inmenso agujero que es la noche y en cuyo fondo podrían haberse escondido, sus secretos encerrados lograron escapar y ellos burlaron todas aquellas barreras que les separaban pasando a ser uno.

Y pasearon volando sobre el suelo.
Porque cogidos de la mano los miedos se vuelven cobardes.
Y sonrieron coloreando las estrellas.
Porque esa es su mejor arma.
Y sus risas iluminaron a la noche.
Porque todo lo pueden.
Y así, de pronto, le ganaron la partida a la luna.
Porque cuando uno pasa a ser dos, dos pasan a ser uno.

*Y de mil y una maneras en que su pequeño mundo podría haber sido invadido, el azar quiso que a ella le sonara su teléfono móvil. Nada importante, tan sólo un sms de publicidad pero que trajo de la mano a la banda sonora perfecta para esa noche: