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17/12/09

A tu ritmo...

Todavía recuerdo a la que fue mi profesora de Pedagogía musical hablando de la importancia de la Música en nuestras vidas y, dentro de ésta, de la importancia del ritmo musical.

Decía que el ritmo es la base de la música, lo que la acota y define. Lo que, en definitiva, la convierte en lo que es y que hace que tenga una forma y unas características determinadas y no otras. Además, continuaba diciendo que el ritmo (así como la música) nos rodea y está presente en todas partes: en nuestra vida diaria, en la naturaleza, en el transcurso del tiempo, en nuestra respiración, en la lluvia, etc.

Y no es hasta ahora en que realmente la comprendo y le doy toda la razón.

Porque… el ritmo de mi respiración no se ha cortado a causa de los 3’5 grados de temperatura que había esta mañana en la calle; tampoco al saber que en el Centro de Salud se les había estropeado la calefacción; ni siquiera al notar ese gel tan frio sobre mi tripa. Se cortó al comenzar a escuchar tus latidos; para no perderme ninguno; para no dejar de fijarme en la sonrisa tontorrona de tu padre y en el rubor de sus mejillas…

Y es que mi vida avanza en base al ritmo que marcan todos y cada uno de tus movimientos dentro de mi tripa.

2/12/09

¿Vamos de compras?

¿Cuántas veces habremos hecho esa pregunta y cuántas la habremos oído? Para algunos la respuesta será siempre un claro , otros correrán a esconderse para que nadie los encuentre y así librarse de sus tan odiadas compras y otros… otros fingimos sonrisa y acatamos con un “venga, vale, sí…”. Y es que hay veces que no te queda más remedio que ir de compras.

A mí, ahora, me toca comprobar en primera persona cuáles son los pros y los contras, lo mejor, lo peor, lo menos bueno y lo menos malo, etc. de un embarazo. Así que dejando a un lado esas pequeñas grandes maravillas que me guardo para mí y prefiero no compartir y, por otro lado, obviando ciertas cosas poco agradables, incómodas y menos buenas, hoy voy a hacer referencia a ese lado tan superficial de todo embarazo que no es otro que las compras.

Es evidente que esa nueva vida que viene en camino va a necesitar un sinfín de cosas con las que has de ir haciéndote poco a poco, pero no lo es menos el hecho de que tu cuerpo cambia y pide a gritos otro tipo de cosas, de tallas, etc. Y son precisamente esas cosas las que, al menos a mí, menos me apetece tener que comprar. ¿Y por qué? Es sencillo: la ropa pre-mamá es horrorosa por definición.

Tú, incauta, vas a esas tiendas (a las que no pienso hacer publicidad) especializadas y no encuentras más que cosas horrendas, extrañas y que convierten a la que se las pone en un anuncio ambulante (tanto de dicha tienda, ya que la marca está por todas partes, como de su estado, porque en todas y cada una de ellas pone mamá o algo similar. Y de los precios ni hablemos).

Y ahí pasa como en la guerra, si te rindes a la primera de cambio pierdes la batalla y te conviertes en mujer-madre-anuncio, pero si por el contrario decides seguir buscando porque tienes fe en que no todo sea así, al final darás (no sin esfuerzo) con ese otro tipo de tiendas en las que tienen ropa “normal”, ropa del tipo de la que acostumbras a utilizar y en la que, además, hay lugar para tu tripa.

Por otro lado (y por suerte) están las otras compras, las que son para el bebé y esas (por experiencia tanto propia y de los que me rodean) le encantan a casi todo el mundo. Nos convierten en seres realmente consumistas.

Y hablando de esas compras, el otro día vi un pijamita en unos grandes almacenes que se convirtió en mi primer y verdadero antojo. Fue amor a primera vista. Y es que… su dibujo se me asemeja total y absolutamente a un charquito de estrellas (y esto, quién realmente me conoce, sabe lo que significa).

pijamita

Por otro lado, al papi (a quién se le cae la baba más que a mí) le pasó algo similar con algo que… bueno… no sé muy bien cómo decirlo, digamos que con algo que atenta un poco contra esos principios de “nosotros, como padres, dejaremos que elija” y contra esa frase que una servidora le dijo a su querido padre: “pues que ni se te ocurra comprarle el chándal del Madrid porque no se lo pienso poner. Y yo tampoco le voy a comprar el del Barça. Esperaremos a que crezca y que elija qué equipo le gusta y si le gusta alguno”. Pero claro, papi no sabía nada de eso y apareció en casa con un mini chándal culé que a mí, sobra decir, que me encantó. Además, me lo dio el sábado y el domingo ganamos, así que yo creo que trae buena suerte… :P

Mini chándal culé

P.D. Y ya para terminar, como el azul celeste es mi color y chándales del Barça he tenido varios, sé que eso no despeja ninguna incógnita y como además alguien me pidió en un comentario que os sacara de dudas, pues… diré que es niño ;)

19/11/09

Ahora, déjame que...

Ahora que nos hemos quedado TÚ y yo solos, déjame que te explique que aquella gota de agua fría que se derramó antes sobre mi tripa, no era otra cosa que una lágrima que se me escapó sin darme cuenta, resbalando por mi mejilla y yendo a parar a ti…

Ahora que nadie nos mira, déjame que vuelva a llorar de nuevo. No lo haré por pena ni miedo, tampoco será por ese nerviosismo que se apodera de mi cada vez que ese señor de la bata blanca tiene algo nuevo que contarnos. Lloraré como desahogo, para sacar fuera toda esa tensión que me paraliza cada vez que cabe la posibilidad de que algo vaya a no estar bien.

Ahora que no hay nadie más, déjame darte las gracias: por no dejar de crecer día tras día, por moverte (y moverte tanto) y, también, por dejarnos verte y escuchar cómo late tu corazón sin ponérnoslo demasiado complicado.

Ahora que yo he decidido tumbarme mientras tú prefieres no dejar de moverte (impidiéndome que duerma la siesta), déjame que sonría mientras me acaricio la tripa por enésima (aunque jamás última) vez en el día…

13/10/09

Desde que sé que existes…

… todo es diferente (el mundo, mi vida e incluso yo).
… como más que antes y soy incapaz de dormir una noche entera del tirón.
… lloro el doble y sonrío el triple.
… también sé que te quiero y que moriría y mataría por ti.
… soy infinitamente más feliz que antes pero, a la vez, todo me da muchísimo más miedo.
... Él y Ella desaparecen y dejan de importar, dando paso al nosotros y al TÚ.
… no ha habido una décima de segundo en la que haya estado o me haya sentido sola.
… he dejado de fumar (y visitado más médicos que en toda mi vida).
… realmente he empezado a mirarme el ombligo y a que lo único importante que de mi refleje el espejo sea la tripa.
… me he vuelto incluso más dependiente de tu padre de lo que lo era antes.
… he aprendido a contar en semanas y días (y los segundos se me alargan cada día más).
… mis prioridades han cambiado (también mis miedos, mis guerras, mis preocupaciones y mis pequeñas grandes batallas).
… estoy dispuesta a renunciar al azul celeste por el rosa (si así tú lo dictas).
… adoro que tu padre se dirija a mí en segunda persona del plural.
… no he dejado de hablar de ti pero, a la vez, me ha entrado un extraño bloqueo a la hora de escribir sobre ti (hasta ahora. Parece ser…).
… también sé que tú eres y serás siempre lo mejor que yo vaya a hacer en la vida.

Y es que… desde que sé que existes, lo único importante eres tú y yo no soy más que la cajita (o mejor dicho el cofre) dentro del cual está el mayor de los tesoros (ese que tu padre ha jurado proteger con su vida, igual que yo…).