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11/12/09

le bonheur

-¡La felicidad no existe!

-Sí existe. Sólo has de saber enfocarla con la luz adecuada para así poder verla.

-Que no, que no existe. Todo eso no son más que majaderías, cuentos de vieja para niños e incrédulos, fábulas…

-Es que, en realidad, la vida es como una fábula. Y en toda fábula hay dolor, pero también un sinfín de cosas buenas y, sobre todo, de ella: de la felicidad. De ese bien no material tan preciado y esquivo que siempre se esconde y por mucho que nos empecinemos en buscar jamás encontramos, ya que se trata de uno de esos regalos inesperados que llegan de pronto y que, realmente, sólo se materializa cuando podemos compartirlo con alguien más…

-Todo eso que dices no es más que palabrería barata. Al final siempre hay algo que echa a perder todo lo demás, que sale mal, que duele o que se termina.

-Claro, porque en realidad nada dura eternamente. Ni lo bueno ni lo malo. Si así fuera no sabríamos de contrarios. Todo se basa en momentos, en pequeños instantes. Y, en muchas ocasiones, son los momentos de dolor los que traen de la mano a los de la felicidad. Piénsalo.

-Luego, según tú, la felicidad puede medirse en tiempo.

-No, según tú (y si así lo crees oportuno) puede ser, pero su enorme subjetividad nos permite que cada cual la midamos como queramos, en base a lo que creamos y como mejor nos convenga…

-Incluso estoy empezando a pensar que puede ser que lleves algo de razón, pero, a mí, llevarte la contraria me hace feliz.

19/11/09

Ahora, déjame que...

Ahora que nos hemos quedado TÚ y yo solos, déjame que te explique que aquella gota de agua fría que se derramó antes sobre mi tripa, no era otra cosa que una lágrima que se me escapó sin darme cuenta, resbalando por mi mejilla y yendo a parar a ti…

Ahora que nadie nos mira, déjame que vuelva a llorar de nuevo. No lo haré por pena ni miedo, tampoco será por ese nerviosismo que se apodera de mi cada vez que ese señor de la bata blanca tiene algo nuevo que contarnos. Lloraré como desahogo, para sacar fuera toda esa tensión que me paraliza cada vez que cabe la posibilidad de que algo vaya a no estar bien.

Ahora que no hay nadie más, déjame darte las gracias: por no dejar de crecer día tras día, por moverte (y moverte tanto) y, también, por dejarnos verte y escuchar cómo late tu corazón sin ponérnoslo demasiado complicado.

Ahora que yo he decidido tumbarme mientras tú prefieres no dejar de moverte (impidiéndome que duerma la siesta), déjame que sonría mientras me acaricio la tripa por enésima (aunque jamás última) vez en el día…

6/5/09

Ella y él (II)

Otra noche cualquiera, mientras sentada sobre la cama ella escribe una nueva página de la historia de ambos, él se sienta a horcajadas tras ella, aparta su pelo y, apoyando la barbilla sobre su hombro, comienza a leer. Ella gira la cabeza y lo mira. Acto seguido tapa con sus manos lo que ha escrito.

-¿Qué haces? ¿Por qué lo tapas? –pregunta él con asombro-.
-No… -responde ella- ¿qué haces tú? ¿Por qué lo lees?
-Ya sabes que lo hago. Juraría que no te molestaba…
-Pero no así. Me gusta más cuando lo haces a escondidas, mientras duermo…

Él sonríe y apoya su espalda contra el cabecero de la cama. Ella continúa escribiendo y veinte segundos más tarde se gira y le pregunta:

-¿Te has enfadado?
-No, para nada. Sabes que no puedo enfadarme contigo.
-Entonces… ¿por qué estás tan callado?
-Pensaba…
-¿Y en qué pensabas?
-Pues… en que si yo escribiera un diario, necesitaría marcar todas y cada una de las páginas que hablan de ti…
-¿Y…?
-Pues que no creo que existan tantos marca-páginas en el mundo…

31/3/09

Operación Grillo

Hay noches en las que el aburrimiento parece ser la única sentencia posible del juez del tiempo, noches en las que ni siquiera la caja tonta tiene la más mínima intención de entretenerte. Normalmente, yo sufro alguna de esas noches las semanas en que mi chico tiene turno de mañana en el curro y, por lo tanto, se va prontito a dormir (aunque también es cierto que, por otra parte compensa, porque lo tengo para mí toda la tarde los días en que no doy clase…), pero ese no es el tema…

Precisamente anoche parecía ser una de ellas. De hecho lo estaba siendo hasta que se me ocurrió abrir el Messenger (hay noches en las que no está nadie conectado y noches en las que un monigote de color verde te da paso para poder entablar conversación con algunos de tus amigos). La cosa empezó normalita y con un par de charlas distendidas, luego se animó un poco más con la aparición estelar de un buen amigo con el que ya hacía tiempo que no hablaba y, por último, se unió otro buen amigo más.

Y así discurría mi noche, entre parpadeos de color naranja que anunciaban una nueva frase de cada una de las personas con las que hablaba, hasta que, de pronto, la luz proveniente de la lámpara que tengo a la derecha de mi escritorio proyectó la sombra de lo que parecía ser la pata de algún bicho. Lo primero que pensé fue que se trataba de una araña (o más bien arañón), así que no me lo tuve que pensar dos veces para subir los pies a la silla en la que estaba sentada.

Escasos segundos después supe que se trataba de un grillo (que siempre es preferible a una araña pero que a mí me sigue dando mucho repeluco) que comenzó a caminar a mi alrededor, a pararse y frotar sus patas emitiendo ese sonido que les caracteriza, etc. No parecía tener intención de irse y a mí cada vez me estaba dando más grima, con lo cual estaba más pendiente de la ubicación y movimientos del grillo que de lo que me decían mis amigos. Así que, dado que estaba tardando más de lo normal en responderles, opté por hablarles de mi pequeño visitante. Y fue precisamente en ese momento cuando empezó lo verdaderamente divertido de la noche y, también, la que hemos decidido denominar como “Operación Grillo(la cual nunca habría podido haber llevado a cabo sin mis amigos. Uno de ellos me pidió que la documentase para subirla al blog y eso haré en este post…)

Punto 1: reacciones dignas de mencionar de mis amigos tras decirles que tenía un grillo en la habitación.

L: Pero… ¿un grillo de verdad o de peluche? (no sé yo cómo iba a llegar hasta mi estudio un grillo de peluche, la verdad… Pero supondremos que esa pregunta es fruto de que ya era tarde y que el cambio de hora del domingo continúa pasando factura)

C: ¿Un grillo de los del cri cri? (Esto… ¿cuántas especies más conocerá? Luego trató de arreglarlo diciéndome que la especie del cri cri era criminalmente pecrilosa, que no peligrosa, ojo…)

A: ¿qué brilla? (mmmm… vale sí, las luciérnagas son otra cosa)

Punto 2: tras decirles que yo no podía dormirme sabiendo que un grillo pululaba por la habitación, sus respuestas fueron písalo o cógelo y échalo fuera, algo que yo no estaba dispuesta a hacer por dos claros motivos. El primero es que, como ya he dicho, los grillos me dan repeluco y ni de coña estaba dispuesta a cogerlo y el segundo consiste en que mi madre siempre ha dicho que da mala suerte matar a un grillo o echarlo si entra en casa, que hay que dejar que se marche sólo…

Punto 3: comienza la “Operación Grillo

A2: ponle un vaso encima (buena idea. Y de ahí no podría salir y yo dormiría tranquila, pero… para eso tendría que acercar mi mano demasiado al bicho, así que descartado…)

C: ¿no tienes cerca un vaso o un cubilete? (más de lo mismo que en la opción anterior)

L: da pisotones a su lado y lo vas dirigiendo hacia la salida (claro… y cuando lleguemos al escalón le enseño a dar volteretas…)

A: abre la puerta y déjale a su aire, que igual se va sólo (sí, y pongo un letrero de neón que diga “puerta abierta, pasen a robar”)




Aparto mis ojos de la pantalla del ordenador y sigo mirando al bichejo y, al mismo tiempo, mis ojos buscan por la habitación algo con lo que poder atraparlo.













Doy con ello y lo atrapo con la tapa de una caja de CDs.













Y una vez que el grillo está capturado, coloco un folio debajo para, llegado el momento, poder sacarlo fácilmente del estudio.







Punto 4: y a partir de ahí, el descojone padre…

C: no se esperaba el grillo cri cri un ataque coordinado basado en el uso de la tecnología punta del MSN y del CD.

A: pues ahora nada de dormir, habrá que hacer turnos de vigilancia

C: igual mandó un S.O.S. a grillilandia antes de ser capturado

L: ¿y si cava un túnel para salir?

C: María, quién sabe, igual hemos salvado al mundo y has capturado al primer grillo extraterrestre.

C: de las cosas más sencillas nacen los héroes.

Quizás así contado no tenga mucha gracia (puede que ninguna, ya se sabe que no es lo mismo que tú vivas algo o que otro te lo cuente), pero en el momento nosotros nos partimos (yo desde luego y los demás eso dicen…).

Así que nada, inmortalizado queda. Pongo sólo las iniciales de los protagonistas a no ser que me indiquen lo contrario (el grillo se fastidia, no pienso ponerle el cartelito negro delante de los ojos para que no lo conozcan. Que no hubiera entrado en mi casa sin permiso…) y vuelvo a darle las gracias a C., experto estratega y Alto Mando del ejército encargado de llevar a cabo esta operación, porque sin su colaboración habría sido imposible capturar al enemigo…

19/3/09

123, responda otra vez (yo verifico y soy una inepta, usted espera y es una maleducada)

Soy usuaria de Vodafone desde hace casi una década. Al principio (con tarjeta prepago) recargaba mi móvil con bastante asiduidad y creo que nunca he estado más de dos días seguidos con el saldo de mi tarjeta a cero, después (al pasarme a contrato) no ha habido ni un solo mes en que no haya pagado rigurosamente mi factura. Y total… ¿para qué?

Para que una vez nos tangaran 21€ al añadir un nuevo número al Plan Familiar (cuando era un servicio gratuito) o para tener que llamar un sinfín de veces hasta que, por fin, conseguí que me cambiasen la dirección dónde he de recibir mis facturas cuando me mudé.

Lo cierto es que, más tarde o más temprano (con más o menos desesperación, llamadas o visitas a distribuidores oficiales de Vodafone) al final siempre he conseguido solucionar todos y cada uno de los problemas que me han ido surgiendo. Y, por otro lado, si continúo utilizando este operador de telefonía móvil y no otro (de la competencia que cada mes me llaman para ofrecerme una oferta estupenda si me cambio) es porque me conviene por una serie de motivos y circunstancias que no vienen al caso.

Pero con lo que ya no puedo más es con la incompetencia de las responsables de Atención al cliente (123). No sé porque será, pero siempre tengo que llamar más de dos o tres veces por un mismo motivo, porque a la primera nunca doy con alguien con un mínimo de luces al otro lado del teléfono. La última vez ha sido esta tarde:

-Vodafone, buenas tardes. Mi nombre es (uno que ya no recuerdo), ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola, buenas tardes. Verás, es que tengo una Blackberry Storm y quería que me informases acerca de las tarifas que hay para poder tener acceso a Internet desde ella…

-Ahá. Le paso con el responsable correspondiente, no cuelgue por favor…

(Musiquita y un par de minutos de espera)

- Vodafone, buenas tardes. Mi nombre es (otro que tampoco recuerdo), ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola, buenas tardes. Verás, es que tengo una Blackberry Storm y quería que me informases acerca de las tarifas que hay para poder tener acceso a Internet desde ella…

-Así que… su duda es acerca de acceso a Internet desde el móvil y no desde el ordenador, ¿no es así?

-Sí.

-Pues le han pasado mal. Ahora mismo le paso con un responsable, manténgase a la espera y no cuelgue, por favor…

(Otra vez musiquita y unos ocho minutos de espera)

- Vodafone, buenas tardes. Mi nombre es (no, este tampoco lo recuerdo), ¿en qué puedo ayudarle?

-Hola, buenas tardes. Verás, es que tengo una Blackberry Storm y quería que me informases acerca de las tarifas que hay para poder tener acceso a Internet desde ella…

-¿Su número es el xxx-xxx-xxx?

-Sí, ese es. (Aunque, en realidad, tenía ganas de decirle: no, es otro, el que estoy usando ahora para llamarte es de un móvil que robé esta mañana. ¿Si no llamas desde tu número, desde qué número vas a llamar? ¿Desde el de la vecina? En fin…)

-Manténgase a la espera mientras verifico la información…

(Musiquita y más minutos de espera. Además, he de decir que mientras esperaba los 8 minutos anteriores, accedí con el pc a la web de Vodafone y tenía delante de mí las tarifas de acceso a Internet de mi Blackberry)

-Bien, disculpe por la espera. Le informo de que existen dos tipos de tarifas: una de 12€ que blablabla (abrevio para no hacer este post eterno) y otra de 6€ que blablabla…

-Me dices que con la de 6€ tengo 100 accesos a Internet, pero… ¿dentro de Vodafone Live o de libre navegación?

-No, no… podría navegar tanto dentro como fuera de Vodafone Live, cuentas de correo…

-Ah, estupendo, pues esa es la que quiero.

-Bien, manténgase a la espera mientras verifico la información…

(Más musiquita y más minutos de espera. Y cuando vuelve a hablarme es para decirme que se ha equivocado, que las tarifas que me dijo eran para móviles, no para Blackberry. Se disculpa, me vuelve a decir que me mantenga a la espera mientras verifica la información y yo sigo esperando. Me habla de nuevo (una vez que yo ya me había informado y requeteinformado en la web) y me dice que hay dos tarifas, una de 60€ y otra de 25€. Le digo que mientras esperaba he estado consultando su web y que en ella no dice eso (y le leo lo que pone). Me manda volver a esperar y ella… ¿lo adivináis? Sí… vuelve a verificar la información. Vuelve a hablarme y me pregunta que dónde he visto yo que ponga eso. Le leo la URL completa (con la esperanza de que la teclee y lo vea por sí misma) y me vuelve a dejar en espera…)

-Disculpe por la espera…

-Ahá… (Con voz de resignación y claro principio de “estoy empezando a perder la paciencia”)

-Lo cierto es que no puedo verificar lo que usted me dice. ¿Podría decirme cómo accedió a esa información?

-Ya te lo dije, en la web de Vodafone. Le digo la dirección completa... (vuelvo a decírsela pero ella sigue sin teclearla).

-Es que a mí no me aparecen las tarifas que usted me comenta…

-¿Pero tú has entrado en la dirección que yo te digo? (aquí ya aumenta mi tono de voz…)

-No, pero…

-Pues entra dónde yo te digo. (Y vuelvo a decirle, muy despacito y letra por letra, la URL completa. Y recobro la tranquilidad porque esta vez sí que la escucho teclear a medida que voy hablando…)

-Disculpe, pero yo aquí no veo que ponga lo que usted me dice…

(En este preciso momento, pierdo totalmente la paciencia y los papeles)

-¿Entonces yo qué estoy, loca? ¿Me invento las cosas?

-Yo no digo que usted esté loca ni que se invente las cosas, pero es que aquí no pone eso… y por favor le pido que me hable con respeto porque yo a usted le estoy hablando con respeto…

-Yo le hablo con respeto a una persona que cobra por un trabajo que sabe hacer, no a alguien que no se entera de nada…

-Le repito que me hable con respeto y que aquí no pone nada de lo que usted dice…

-Esta tía es tonta perdida… (Digo mientras miro a mi chico que estaba a mi lado oyendo la conversación y descojonándose de risa…)

-Usted es una maleducada que me está faltando al respeto…

-Y tú eres una inepta…

-Yo a usted no le permito que me falte al respeto.

(Pi piii piiiii. Me cuelga.)

Yo tengo educación hasta que me la hacen perder, eso por un lado, por el otro… aquí os dejo la URL que tantas veces le leí así como una captura de pantalla de la información en cuestión:


Creo que su ineptitud queda patente y, con ella, el motivo por el cual yo perdí la paciencia. Y dicho queda, porque a mí me sirve de desahogo y, también, quizás sirva para algo o alguien más. Y mañana me iré a un distribuidor oficial de Vodafone, porque al menos en el que queda más cerca de mi casa siempre saben solucionarme todas y cada una de mis dudas, problemas, preguntas o peticiones.

14/3/09

Caeli passer

-¡Buenos días, Caeli!

-¡Buenos días, Señor!

-¿Cómo está el chico nuevo?

-Ha recuperado la consciencia y se ha despertado…

-¡Magnifico! Sabía que ocurriría…

-Sí, pero…

-¿Pero…? ¿Qué ocurre, Caeli?

-Verá, Señor, al principio estaba muy desorientado y no recordaba nada, como les ocurre a todos los recién llegados…

-Es un chico fuerte, no debes preocuparte por él. Ve junto a él y cumple con tu cometido. Dile quién era, qué le ocurrió o qué es ahora. Además de fuerte parece listo, no tendrás problemas para que lo comprenda.

-De eso se trata, Señor, con él no sé cómo hacerlo…

-¿No sabes cómo llevar a cabo una tarea que llevas desempeñando desde hace más de dos siglos? Me tomas el pelo, ¿no es así?

-Ayer me acerqué a él para explicárselo todo, pero antes de que pudiera hacerlo me dejó sin palabras, sin saber qué decirle. Me aseguró que ya podía recordarlo todo, que sabía lo que le había pasado y que ya estaba mucho mejor. Y sin darme opción a abrir la boca, se alejó volando y no volví a verle hasta pasadas varias horas.

-Eso no debe preocuparte, Caeli, ya habíamos hablado de que este chico parecía incluso más especial que los demás y con esto que me cuentas estamos comprobando que no nos equivocábamos.

-Usted no lo entiende. El chico está muy confundido, nada de lo que dice recordar es real. Él cree que es un pájaro al que un gato callejero quiso atrapar. Dice que resultó malherido de su encuentro con ese gato, pero que ahora que se ha recuperado ya puede seguir volando libremente como siempre. Sé que he de cumplir la misión que en su día me fue encomendada, pero esta vez es distinto. En esta ocasión no tengo que contarle la realidad a un chico que nada recuerda, sino que tengo que desengañarle de su error y sacarle de esa ensoñación que lo hace ser un pájaro.

-Comprendo… Siendo así las cosas, no se lo digas. Al menos no de momento.

-Pero, Señor, si no lo hago estaré incumpliendo la…

-Escucha, Caeli, cada día vemos llegar a un nuevo niño que, habiendo muerto de manera anticipada, nos es entregado para que lo instruyamos para su futura misión. Con este último la situación es diferente, los dos somos conscientes de ello y, precisamente por eso no se lo diremos todavía. A este niño le dejaremos que siga jugando, como jamás tendría que haber dejado de hacer, durante unos cuantos días más.

-De acuerdo, Señor, así lo haré.

8/2/09

Tardes de rosas en el parque (Segunda versión)

Los últimos días no habían sido precisamente fáciles para ninguno de ellos que, tras lo ocurrido esa tarde, estaban muy agotados. A pesar de ello, la pequeña Laia se negaba a irse a dormir, algo a lo que terminó accediendo cuando su madre le prometió que le contaría una historia que le haría entenderlo todo.

La niña se despidió de sus tíos, demás familiares y amigos, besó a su padre y dio las buenas noches. Apenas diez minutos más tarde ya se había cepillado los dientes, puesto el pijama y, metida en la cama, esperaba a su madre.

-¿Te has lavado los dientes? –preguntó su madre nada más entrar en la habitación de Laia-.

-Sí, me los he lavado. Siéntate y cuéntame esa historia…

-Voy a contarte desde el principio como pasó todo: su historia de amor empezó, como tantas otras, en verano. Era una calurosa tarde de Junio, como la de hoy, cuando él la vio por primera vez y se enamoró perdidamente de ella. En ese preciso instante ya supo que quería compartir el resto de su vida con ella, porque era la cosa más bonita que había visto en toda su vida.

-Pero…

-¿Pero qué? Me habías prometido que no me interrumpirías –increpó- A ver… dime.

-Pues eso, que cuando pasó, es decir, ¿cuántos años tenían?

-Él tenía once años y ella apenas acababa de cumplir los nueve.

-¿Nueve años?, pero mamá si yo ya tengo doce y a mí no me dejas tener novio.

-Ya Laia, pero eso fue distinto. Ellos se enamoraron desde el primer momento, desde el preciso instante en que se vieron y tú… pues tú los lunes te enamoras de un compañero de clase, los martes de uno de los niños que van a clases de inglés contigo, los miércoles de uno de clases de natación, los jueves vuelve a gustarte otro niño de tu clase y los fines de semana te gusta uno de tus amiguitos del pueblo de los abuelos. Y eso no es enamorarse Laia, eso es simplemente que te caen bien o que te resultan graciosos tus amigos. Además, aquellos eran otros tiempos y ahora las cosas son muy distintas a cómo eran entonces.

-Vale mamá, pero ahora no empieces con una de tus charlas y dime qué pasó después.

-Bueno, pues como te decía. Él nada más verla se enamoró. Corrió al puesto de flores que había en aquel parque y se gastó todos sus ahorros en comprarle una rosa roja. Se la dio y ella a cambio le dio un beso. El que fue el primer beso de ambos. Y desde ese no ha pasado ni un solo día en que tu abuelo no le compre una rosa roja a tu abuela, ni tampoco uno en que ella no le dé a cambio un beso como aquel primero que le dio cuando eran unos niños.

-Entonces…

-Entonces… por eso tu abuelo se ha ido esta tarde al parque, ha comprado una rosa roja y ha decidido volver al mismo banco donde cada tarde esperaba a tu abuela. Por esa razón se sentó en ese banco y dejó que Morfeo le atrapara en su último y más profundo sueño. Un sueño que justo antes de arrebatarle el último aliento de vida, así como el último suspiro, le permitiera recordar todas y cada una de aquellas tardes en el parque. Aquellas tardes de inocencia, de rosas rojas y besos cargados de una pureza que ya pocas cosas tienen en este mundo en el que vivimos.

-Pero cuando el abuelo se fue al parque todavía no sabía que la abuela había muerto en el hospital…

-No, no lo sabía, pero quizás lo presentía. Tal vez supo que ya nunca más podría volver a recibir un beso del amor de su vida a cambio de una simple rosa, y tal vez por eso compró esa última rosa…

-Pero no lo entiendo mamá. Si presentía que la abuela se iba a morir, ¿por qué la compró si sabía que no podría dársela?

-¿Y tú por qué estás tan segura de eso? Tal vez los dos así lo pactaron, tal vez quisieron encontrarse por última vez en un sueño en el que recordarían todos y cada uno de sus días de rosas rojas y besos en el parque.

-Así que… ¿en eso consiste el amor?

-No lo sé, el amor no es algo que podamos ver, tan sólo podemos sentirlo. Yo puedo sentir el amor que tengo hacia tu padre, el que tengo hacia mis padres y también el que te tengo a ti, pero no el que tus abuelos se tenían el uno al otro. Las personas somos distintas y también por eso hay distintos tipos de amor y de cariño. Y por todo esto que te acabo de contar es por lo que no debes estar triste, porque tus abuelos han vivido muchos años juntos y no querían separarse, por eso decidieron irse juntos. Sé que los vamos a echar mucho de menos, pero tenemos que tratar de entenderlo y de respetar su decisión, porque ellos decidieron estar juntos todo este tiempo y no sería justo que nadie más decidiera por ellos el momento en que deberían separarse.

-Vale mamá, lo he entendido.

-Claro, porque tú eres una niña muy lista.

- Mamá.

-Dime Laia.

-¿Y tú crees que yo voy a tener un amor como el de los abuelos o como el que tenéis papá y tú?

-No cariño, tú tendrás un amor que será mucho más especial para ti, porque será el tuyo. El tuyo y el de la persona que tú elijas.

-Vale.

-Bueno, y ahora duérmete que ya es muy tarde y mañana será un día muy largo para todos.

-Sí, pero antes una cosa más.

-Dime…

-¿Tú crees que a los abuelos les importará que yo sueñe con ellos esta noche?

-Seguro que están esperando a que te duermas y así puedas soñar con ellos y verles en el parque, como cada tarde.

-Buenas noches mamá.

-Buenas noches y dulces sueños Laia, hasta mañana.


Tardes de rosas en el parque


Escribí Tardes de rosas en el parque hace tres años y ahora, tras haberle hecho algunas modificaciones y correcciones, he querido publicarlo en este blog simplemente porque... es una historia a la que le tengo un cariño especial.

11/11/08

El comienzo

-¿Sabe ya lo que va a querer?

-Sé lo que quiero.

-¿Y qué quiere?

-Para empezar… que no me trates de usted.

-¿Y de primero?

-¿Qué tal está el arroz?

-Se nos ha terminado…

-Como a mí las ganas de seguir aguardando a que llegue el momento preciso… ¿y la sopa de verduras?

-Tampoco queda, pero tenemos ensalada…

-Está bien. De primero tomaré la ensalada y de segundo… ¿qué me recomiendas?

-El pollo con champiñones está muy bueno…

-¿Y el salmón? ¿No está bueno?

-Es que ya no queda…

-Está bien, tomaré ensalada y pollo.

-Muy bien…

(…)

-¡Espera!

-¿Sí?

-¿No vas a preguntarme qué quiero para beber?

-Vino de la casa, supongo…

-Sí, claro… vino de la casa…

-¿Desea algo más?

-¿Es que acaso cumples deseos?

-Bueno… si sus deseos se encuentran en la cocina del restaurante o en las bodegas, supongo que sí.

-Precisamente por ahí se encuentra lo que más deseo…

-¿Entonces… qué más quiere?, ¿qué le traigo?

-Quiero que me tutees y quiero que me traigas tu sonrisa, pero no sobre la bandeja. Quiero salir cuanto antes de este maldito restaurante en el que el vino un día parece agua manchada y al siguiente es tan espeso que se podrían mojar las porras del desayuno en él. Quiero no tener que comer ensalada (porque no me gusta la ensalada) y me gustaría poder evitar el sarpullido que me provocarían unos champiñones a los que soy alérgico desde niño. Y, por último y más importante, también quiero…

-Entonces, si no come ensalada ni champiñones, ¿por qué los ha pedido? Y si no le gusta el vino que servimos, ¿qué hace aquí?

-Porque, como ya te dije, lo que más deseo en el mundo, se encuentra en la cocina y las bodegas de este sitio. Y también en su terraza y tras el mostrador… Y no sólo quiero que dejes de llamarme de usted, también quiero que aceptes mi invitación a cenar en un sitio mejor, en un lugar en el que la comida me importe menos que lo que me importa la que servís aquí, pero en el que pueda disfrutar de una botella de buen vino junto a la mejor compañía que pueda imaginar: la tuya.

[Mientras hablaba, Marco –que llevaba desde principios de verano yendo día tras día al pequeño restaurante en el que trabaja Alice, tan sólo para verla y, de algún modo, estar cerca de ella- se había levantado de la silla que ocupaba y, lentamente, se había ido acercando a ella, de manera que cuando terminó de hablar el espacio que había entre ambos era de escasos centímetros.]

-¿Qué me respondes, Alice, vendrás a cenar conmigo esta noche?

Este “comienzo” es algo así como un experimento que, si así lo decidís, continuará a lo largo de varios posts más. La historia que unirá o separará las vidas de Marco y Alice comienza con esta conversación en el restaurante en el que ella trabaja y al que él es cliente asiduo.

Una vez dicho esto, es ahora cuando yo me callo y habláis vosotros:

¿Queréis que la historia continúe? Y de ser así… ¿Qué ocurrirá en la segunda parte? ¿Aceptará Alice la propuesta de Marco o le dará calabazas?



22/10/08

Un buen…

No, no puedo hablar de Un buen año, a no ser que haga referencia a la película que lleva ese mismo nombre (película que, por cierto, recomiendo); tampoco de un buen mes; ni siquiera de una buena semana; pero sí de un buen miércoles (que no empezó demasiado bien).

Daban las 02:00 de la mañana y yo seguía en el sofá del salón dónde el zapping era el mejor entretenimiento dada la mala programación de la caja tonta. Para más inri, me moría de sueño pero no me iba a dormir porque sabía que no podría hacerlo: mí querida amiga la neuralgia que atacaba de nuevo…

Tras el zapping vino el doping (neobrufen, rhodogil y un poco de paracetamol) que suavizó considerablemente mi dolor hasta que muy poco después sonó el despertador: tocaba madrugar.

Y tras el madrugón, la ducha y el café de rigor, tocaba subirse al coche y sufrir el atasco matutino, a pesar del cual llegué a tiempo a mi destino: una conversación realmente fructífera y la posibilidad de una noticia realmente buena para mí, un rato después.

Después de la charla, me fui a la oficina de correos a buscar un paquete azul que en realidad era una caja verde para, antes de volver a casa, terminar la mañana en un colegio.

Así contado, tiene poco de especial, pero sólo porque lo mejor (y realmente especial) todavía no lo he dicho:

El paquete azul que en realidad era una caja verde, llegaba desde Madrid y la incertidumbre de lo que contenía me hizo soltar más de un par de lágrimas cuando descubrí lo que escondía en su interior. No hace falta decir que la destinataria de tal envío era yo, pero… es de rigor el mencionar que su remitente era ese hombre que (por suerte) sigue atado al niño que lleva en su interior; ese marinero solitario que alguna vez he creído reconocer en algún libro; ese escritor al que admiro; ese estudiante al que me gustaría haberme parecido en su momento; ese cielo de persona con el que he tenido la suerte de cruzarme y, en definitiva, ese hermano pequeño adoptivo que toda hermana querría tener y que yo no estoy dispuesta a compartir: Oski.

Imagino que, llegados a este punto y si sois tan cotillas como yo, querréis saber lo que contenía el paquete, ¿no? Aquí tenéis la respuesta:


Martes con mi viejo profesor y Las cinco personas que encontrarás en el cielo de Mitch Albom y Cuentos de un futuro (in)cierto (que si no habéis comprado aún ¡ya estáis tardando!).

Además de escanear las portadas, podría haber hecho lo mismo con las dedicatorias de cada ejemplar, pero… he de reconocer que, para algunas cosas, soy demasiado celosa y egoísta. Hay determinadas cosas (especiales) que siempre necesito que sean para mí y sólo para mí.

Por otro lado, tras la sorpresa del envío llegó la respuesta del colegio y la materialización de esa buena noticia de la que hablaba antes: la vuelta al cole, para mí, ha comenzado hoy y no precisamente como alumna (más bien como la parte contraria). Y hasta aquí puedo leer…

Tras la comida y una muy escasa siesta de aproximadamente media hora, he estado hablando con Oski y he llegado a la conclusión de que a los hermanos se les quiere (aunque de manera diferente a cada uno) como a muy pocas personas en el mundo.

Porque, canijo, contigo vale la pena marcar goles en la portería contraria, plantarse en medio de la Gran Vía con un cartel ridículo y hacer tonterías a precio reducido, hablar de la diferencia entre bites y bytes, convertirse en socióloga frustrada y mil cosas más, a cambio de todas y cada una de tus carcajadas (que son más contagiosas que el más letal de los virus). Una vez más: infinitas gracias por todo lo que eres y representas para mí.

30/7/08

Ese banco cualquiera...

Ese banco cualquiera...



-¿Te acuerdas de esta foto?
-¡Claro! La hice yo con tu móvil hace… ¿un par de semanas, no?
-Sí…
-¿Y qué tiene de especial?
-¿No lo recuerdas?
-No sé muy bien qué es lo que he de recordar…
-Yo estaba un poco triste y…
-Y… cansada. Te pregunté si querías sentarte en ese banco cualquiera que yo si veía y tú no. Entonces te pedí el móvil para sacarle una foto y ver si, por casualidad, se trataba de una especie de 'banco vampiro' o algo por el estilo. Aumentando la imagen con el zoom lograste verlo y varios pasos después nos sentamos…
-Sí…
-Entre lo del 'banco fantasma' y alguna chorrada más que debí decir, empezaste a reírte y ya no dejaste de sonreír durante toda la tarde.
-Ahá…
-Pero creo que el banco no tiene nada de especial, lo especial fue la tarde que pasamos en él, porque… ¿ves?, ahora también estás sonriendo…
-Ya, pero…
-Ya, pero… deja de buscar objetos especiales y créete de una vez por todas que lo realmente especial eres tú, sino… ¡vamos a necesitar un álbum de fotos enorme para guardar fotos de bancos, calles, plazoletas, bares, cines… especiales!
-Está bien…
-¿Sabes que estás preciosa cuando sonríes? Y también cuando te sonrojas, y cuando…
-Vale, para ya…
-¡Jajaja! Entonces… ¡tenemos un banco especial!
-¿Qué?
-Que me encanta cómo eres…