9/1/08

Miedo en tu propia calle

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El sábado pasado, mientras esperaba a mi padre resguardada de la incesante lluvia que en ese momento caía, bajo el toldo de una tienda, casi me da un ataque de pánico cuando me doy cuenta de quién es la persona que, del mismo modo que yo, se protege del mal tiempo.

Hace unos tres o cuatro años (esto no lo sé muy bien porque soy malísima para las fechas y para adjudicar el año correcto a cualquier tipo de suceso) asistimos al intento de robo de un coche. El vehículo, posiblemente el más cutre y antiguo de toda la fila, estaba aparcado en la acera de enfrente y, por casualidad, su propietario se asomó a la ventana y presenció como un individuo trataba de abrir la puerta del piloto.

Mi reacción (cuando me lo hizo saber, justo antes de bajar a la calle todo lo rápido que pudo) fue decirle que no se exaltara, que no hacía mucho que mi abuela, en un despiste, había metido la llave en un coche de la misma marcha, modelo y color que el suyo, pero que no lo era, y que podría tratarse de un error.

Pero no se trataba de tal cosa. Poco después de las cuatro de la tarde, a plena luz del día y en una calle céntrica y concurrida, un hombre de unos cincuenta y tantos años estaba tratando de forzar la puerta de su coche con un destornillador de tonos amarillo y negro.

Yo, que me quedé mirando por la ventana, llamé a la policía tras que el propietario del coche así me lo indicara (os juro que en ese momento estaba tan nerviosa que no sabía a qué número tenía que llamar).

Pocos minutos más tarde, llega la policía y ambos describimos al individuo en cuestión y proporcionamos nuestros datos (curiosamente, el destornillador fue lo que mejor fuimos capaces de describir).

Llaman a la policía científica (aquí ya sí que lo flipé y mucho…) y nos llevan a comisaría a poner la denuncia mientras que, al coche en cuestión se lo llevan los de la científica (que… qué queréis que os diga… yo ya me imaginaba a Warrick Brown y a Nick Stokes buscando pruebas, jajaja). Era la primera vez que me subía a un coche de policía y a pesar de que yo sabía por qué iba en él, me daba pánico pensar que alguien que me conoce pudiese verme y pensar… ¡a saber qué de mí!

Una vez puesta tal denuncia, nos llevan de vuelta a casa y justo cuando estamos a punto de llegar, por la “radio-poli” (es que ahora no me sale como se llama…) se escucha que ya tienen al sospechoso. Nos bajamos del coche y nos suben a otro “de paisano” en el que van otros dos policías de paisanos también… Y sí, me bastó con ver el abrigo que llevaba para saber que se trataba del mismo hombre (que todavía seguía portando en su bolsillo el famoso destornillador, aunque esto lo supe después).

A él lo detuvieron y a nosotros pretendían llevarnos otra vez a comisaría, para gestionar no sé qué tipo de papeleos para el juicio y recoger el coche. Dado que íbamos a pasar por delante de mi casa, pedí quedarme en ella y no se negaron. Imagino que mi cara de acojone y demás… fue suficiente para convencerles.

Y la denuncia se puso; y el juicio se celebró (para lo cual el propietario del coche perdió un día de trabajo); y la noticia apareció en el periódico; y del individuo en cuestión supimos que ya tenía cargos (robo, intimidación, orden de alejamiento, hasta cuatro incendios intencionados en montes y bosques de diversos puntos de la geografía gallega…) y no se presentó al juicio.

Por si fuera poco, me lo he encontrado alguna que otra vez pero nunca tan de cerca y durante tanto tiempo como el pasado sábado bajo el toldo… Que yo, llevaba el ordenador portátil y el bolso, y los agarré con tanta fuerza que las marcas permanecieron en mis manos durante varios minutos después de haberme subido en el coche de mi padre.

Pero la cosa no termina ahí (que por eso lo cuento), este mediodía volví a verle. Pasó por mi lado (llevando un paso más acelerado y rápido que el mío), me dio un empujón y unos pasos después… le dio un tirón al bolso de una mujer y salió corriendo…

¿Por qué sigue en la calle? Yo no lo sé, pero no hace mucho que me contaron que condenaron a un hombre a ocho meses de cárcel por robar en un supermercado que hay cerca de mi casa. El hombre había perdido su trabajo y tenía una mujer y tres hijos a los que dar de comer. ¿Justicia justa? ¿Dónde? Aquí desde luego que no…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya te lo dije cuando me lo contaste: es una putada que un cabrón así esté en la calle de rositas, pero por la pinta que gasta yo lo sigo viendo inofensivo, excepto para bolsos ajenos claro.... ;)

"que tus ojitos rojos..." :P

Javi

Sureña dijo...

¿por qué sigue en la calle?... yo me pregunto lo mismo.

A mi me pasa algo parecido. Una vez mi padre tenía el coche aparcado en la calle, y llegaron unos niñatos con otro, entraron a la calle tan rápido que se lo llevaron por delante, el que conducía y el copiloto se cambiaron rápido de asiento y se largaron. Bueno, pues al rato, todos alrededor del coche, gente que había parado a ver qué pasaba... y pasan de nuevo por allí en el coche, sin cortarse un pelo... imagínate lo que sentimos..., y encima a uno de ellos lo conozco del barrio, incluso estaba en mi colegio. Pues nada, me lo he cruzado un par de veces por la calle, una incluso venía mi padre conmigo, pero no le dije nada porque él no lo conoce y si se lo digo no sé cuál habría sido su reacción...

En fin, las cosas de la vida...

Un beso

Nara dijo...

Yo tampoco lo entiendo, los dejan libres a los pocos días y siguen haciendo daño. Pero lo peor no es eso, yo pienso que lo peor es que se pueda pagar una fianza y dejar salir a un delincuente. A mi no me cabe en la cabeza. Pero bueno no me extraña, así va todo.
Espero que no te lo sigas encontrando más, porque no quisiera que te hiciera nada. De esta gente no te puedes fiar. Ve con cuidado sí?

Un besazo enorme guapa!!!!