7/11/08

Viernes de finiquito y yogur caducado

Adivina, adivinanza: ¿qué dura 138 días?
Respuesta: mi aguante…

Hay cosa que, aún cuando están empezando, sabes que tendrán un final no muy lejano. Es como si te compraras un enorme pack de yogures de tu sabor favorito para comerte tú solo. Al principio todo va bien, pero después de unos días terminas hartándote de comer cada día el mismo yogur del mismo sabor. Y los yogures, como muchas otras cosas, tienen su fecha de caducidad. Así que al final, o te hinchas a comértelos para que no se caduquen o terminas por tirarlos porque se te han pasado de fecha.

Con mi trabajo me ha pasado lo mismo que si me hubiera comprado ese enorme pack del que hablaba en el párrafo anterior: los primeros días (incluso meses) todo muy bien hasta que empiezas a cansarte.

Al principio, yo empecé a trabajar en la librería para trabajar durante el mes de vacaciones de la chica cuyo puesto yo iba a ocupar. Tras concluir ese breve contrato de un mes, se me comunicó que “la chica de las vacaciones” no iba a volver y, sin más, firmé un nuevo contrato indefinido y seguí trabajando. En ese momento, me mosqueaba el hecho de que el cartel de “se necesita dependienta” siguiera colocado en el escaparate. Y es que… no nos engañemos, si yo estoy aquí y los jefes deciden que siga (tras un mes de prueba), ¿por qué sigue el cartel colgado?

Un día cualquiera (que ya ni recuerdo), al llegar a la librería unos minutos antes de que empezara mi turno, me encuentro de bruces con “mi nueva compañera de trabajo” y se me explica que ya puedo estar contenta porque, por fin, voy a tener días libres (sólo tendría que trabajar cuatro días por semana). Imagino que, en ese momento, mi cara de “circunstancia” se notaría, pero acaté sin más miramientos. Mi sorpresa llegó alrededor de un cuarto de hora más tarde, cuando “mi nueva compañera de trabajo” llamó a la jefa para decirle que se lo había pensado mejor y que no, que no iba a trabajar ahí. Mi jefa me lo cuenta y la tonta de la menda lerenda (porque soy tonta, muy tonta), sigue con su horario de antes y sin librar ni un día.

Después, empecé a librar un día por semana hasta que apareció, y esta vez de verdad, “mi otra nueva compañera de trabajo”. Al llegar ella, lo de trabajar cuatro días por semana se redujo a tres y, como es lógico, mi sueldo también se redujo considerablemente.

Abreviando, simplemente diré que “la nueva” era imprescindible porque al ser mayor de cuarenta y cinco años y extranjera, los jefes se aseguraban esa subvención que tras la marcha de “la chica de las vacaciones” estaban a punto de perder.

A partir de ahí, todo fue estupendo y maravilloso para mí, porque como no soy mayor de 45 años, ni extranjera, ni me llamo María Subvencionada, pues… ¡leches en vinagre!

Y por un lado está lo que tú ves; por otro lo que los jefes dicen y, por otro, lo que dice la gente (los clientes). Llega un punto en que te sientes gilipollas y decides largarte y mandarlo todo a tomar viento, pero también ocurre que te convencen con palabrería barata y sigues tragando, hasta que… pasa lo que pasa.

Y pasar, pasó. Y fue el lunes pasado. Llegué a trabajar (cuando lo que tendría que haber hecho era quedarme en casa porque me encontraba peor que mal) y mi jefa me hinchó las narices por última vez. ¿Mi sorpresa? Lo valiente que fui en ese momento. ¿La suya? Descubrir que la tonta de turno, la que siempre acata todo y le da la razón como a los locos (la tenga o no), en realidad tiene boca y, cuando quiere, no se calla una.

Así que… le dije que me largaba; me dijo que ahí nadie estaba obligado a trabajar si no quería; saqué las llaves de la tienda de mi llavero; ella se empezó a crear realmente que de verdad me iba y me dijo que no podía hacerlo, no sin avisar quince días antes y yo (orgullosa de mí misma, porque ya me tocaba hacerlo) le dije que sí, que vaya que sí podía. Y me fui sin más.

Peeero, lo mejor de todo está por llegar: esta mañana fui a firmar el finiquito y a sabiendas de que no me correspondía dinero alguno precisamente por irme sin dar los quince días de aviso, mi sorpresa llega cuando mi ya ex-jefe me dice: de finiquito te corresponde “x dinero”, por haber trabajado dos días en noviembre “x dinero más”, así que… me das 80 euros por irte de un día para otro y quedamos en paz.

A mí en ese momento se me escapó una carcajada y dije que “nanai de la china”, que sabía que no me correspondía finiquito alguno, pero de ahí a tener que pagar yo…

Salí a la calle y le dije a mi chico (que me esperaba en el coche) que entrara; mi ex-jefe llamó por teléfono a la gestoría que lleva los papeles de la librería y, tras colgar, su respuesta fue que no firmara los papales de la nueva nómina (dónde figuraba que yo devolvía esos 80 euros), que firmara todos los demás y que ya estaba.

¿? ¿Alguien me lo explica? Supuesta y legalmente, yo tengo que devolver ese dinero, digo que no lo hago y no pasa nada. Vamos… que si colaba, colaba, pero como no coló… pues dejamos las cosas como están.

¿Qué más queréis que os diga? Pues que me sigo riendo, porque algo tan surrealista no lo había visto yo en mi vida y que me siento liberada aunque también es cierto que me da un poco de pena por la gente que iba a la librería, porque con algunos y algunas (desde bebés hasta abuelos y abuelas, pasando por gente de mi edad, mayores, menores...) he hecho muy buenas migas, pero en otros sitios nos encontraremos...

P.D. El rollo que acabo de soltar (necesitaba hacerlo) ha sido largo, lo sé, pero también sé que los que me conocéis personalmente sabéis que detrás de esto hay mucho más, que me sobraban los motivos para irme y que, por muchas bromas que hayamos hecho al respecto, no mucha gente estaría dispuesta a aguantarlo.

15 comentarios:

MARIO ALONSO dijo...

Pues... te aplaudo, María. Sí, porque lo mereces, porque hay ocasiones en que tenemos que dar un puñetazo encima de la mesa y decir "basta". Y los yogures caducaos, que se los coman tus ex-jefes.

¡Viva María!

carlos dijo...

Así que,cara de circunstancias,te dice ah todo arreglado (sonrisa) firma aquí y aquí y lo de los 80€ lo olvidamos (otra sonrisa). Le faltó decir "te lo perdonamos".
Pues la estafa es un delito sr ex-jefe,o ex señor.
En fins,que hiciste muy bien.
Parece que la crisis empieza a despertar el ingenio (o siendo benévolo la picaresca) de la gente.Y se entiende que mas que el trabajador importe la subvención,pero un poquito de por favor!
Un abrazo y ánimo!!

Alicia. dijo...

Te admiro. Menuda gente hay en el mundo... ¿En serio te querían cobrar 80€? ¡Menuda estafa!

Me hizo mucha ilusión tu comentario del otro día :) ¡Yo también quiero aprender de ti!

un beso.

LUISA M. dijo...

¡Bien hecho, María! En ocasiones, hay que armarse de valor y plantar cara (como tú has hecho). No hay derecho a que tus jefes quisieran aprovecharse de la situación y engañarte en lo del despido (además de lo que comentas del trato poco considerado durante estos meses). Aunque te de pena por una parte de la clientela, lo primero que tienes que pensar es en ti. Ahora, ánimo y ¡que tengas suerte en tu próximo empleo!
Besos.

Oski dijo...

Si cuando te dije que ahí había que llamar a una inspección de trabajo...

Menudos negreros de mierda, hablando mal y pronto.

¿Encima querían que pagases tú? Eso ya si que es la releche vamos...

En fin, míralo por el lado positivo. Ahora estás libre para currarte el examen que te queda y ser por fin una profesora titulada (aunque sin titulo para mi ya eres toda una maestra).

En fin niña, que por lo menos has dejado de tragar mierda. Que el esclavismo se abolió hace siglos.

Un abrazo.

Rock Mantic dijo...

increíble.

Jara dijo...

Si esq o le echamos ovarios o acabamos como tontas.. y pa tonta y perra ya ta la vida. :)

besotes

camaleona dijo...

Tu cielo lo he visto con unos cuantos nubarrones, pero se ve el cielo azul en un clarito.
Dicen que la relación con los jefes es igual que el enamoramiento, dura un poco y luego se apaga.
Al final todos los cambios son para mejor.
Acabo de empezar un blog http://diariomujertrabajadora.blogspot.com/ igual te apetece pasarte.
Suerte.

Someone exactly like you. dijo...

Nunca he currado aún y ya odio a los cabrones de los jefes.Por algo será,oye. Suerte con lo que te queda por venir ^^

Proyecto de Escritora dijo...

Bueno, seguro que encuentras otro puesto en otra libreria (ya tienes experiencia), y espero que te vaya mejor que con ellos. Hay que reivindicar lo que nos toca, eso es lo que nos hace mejores.

Un saludo y suerte!!

Marie Augustine. dijo...

el titulo de tu me resulta tan optimista :)!

Interesante tu relato, atrapa mcuho la forma qe tienes de narrar

LUISA M. dijo...

Espero que hoy, tras la tormenta... veas el cielo más azul.
Amiga María:
Tienes un regalito para ti en mi blog. Pásate a recogerlo cuando puedas.
Besos.

*Sechat* dijo...

Te voy a contar una historia, también un tanto surrealista, para que veas que empresarios getas de esos hay muchos. Estuve durante cinco largos años trabajando como profesora en una academia. Comencé haciendo una sustitución. Luego regresó la chica por un par de días y me advirtió (hice caso omiso) de lo quemada que había terminado y que se iba y que yo debería hacer lo mismo. Yo estaba muy ilusionada, porque tras mucho tiempo en paro y dando tumbos con empleos eventuales por fin tenía algo relacionado con mis estudios y encima al lado de casa. ¡Nada más lejos de la realidad!

Me contrataron por cuatro horas semanales (no has leído mal, no). Y metía doce o más. El resto por supuesto me las pagaban en dinero negro. No estaba asegurada, pero yo seguí ilusionada, esperando a que aquello me abriera otras puertas (lo alternaba con otros dos empleos y durante una temporada con tres). No respetaban los horarios. Me explico: al ser una academia, obviamente para estudiantes, como en Navidades, Semana Santa y en verano tienen mayor disponibilidad de horario, yo me veía obligada a cambiar toda mi vida laboral por ellos, es decir, las clases que el resto del curso eran por la tarde pasaban a la mañana. Salía de un trabajo y me metía en otro. Y sin embargo, pobre de mí, yo seguía aguantando. Esperaba mi oportunidad para marcharme con un contrato mejor entre las manos. Lo conseguí, no como profesora que eso es lo mejor (para estar en un colegio me exigen el EGA y tan sólo tengo el PL1 de euskara, sin embargo para la academia era válida tanto para alumnos de Primaria, dada mi especialidad como para alumnos de Bachiller y de la E.S.O en modelo bilingüe y en castellano. Era la chica para todo). Divertido, ¿verdad?

Fuera aparte, estaba el asunto de tener que llevar yo todo el material. Me refiero a libros de texto, diccionarios e incluso tizas. ¡Sí, sí... hasta tizas! Empecé con muchas ganas, pero como ví que me racionaban las fotocopias, yo con mi buena voluntad empecé a pasarme horas y horas frente a mi ordenador preparando ejercicios para cada uno de los alumnos (totalmente personalizados) y los imprimía en mi casa. Creí que sería pasajero. Me equivoqué. Como digo, luego fueron las tizas y también opté por comprarlas con mi sustancioso sueldo (trato de ser sarcástica).

¿Vacaciones? Me cogía en agosto un mes (para poder sacar dinero extra en uno de mis otros dos empleos a base de meter horas y horas) y el director de la academia siempre me sugería muy sutilmente que si al menos la primera quincena podría dar clases. Me negaba, por supuesto. Discutí con el señor gerente un par de veces por ese motivo: "Cerramos la primera quincena de septiembre, no te voy a pagar esos días". Y yo me río, porque no pagaba obviamente lo de septiembre, pero tampoco lo de agosto, dado que en mi contrato era fijo discontinuo y en septiembre a partir del 15, 16 ó 17 (según cuadrase) comenzaba otra vez el curso y volvía a firmar de nuevo.

Así que, María, después de toda esta chapa que te he contado (créeme que la he resumido) te aplaudo y te digo un "Olé" muy grande. ¡Viva tu valor! Has hecho de piiiiiiiiiiiiiiiiiii madre.

turistaentupelo dijo...

Lo que queda claro es que no parece que no tuvieras motivos para hacer lo que hiciste.


Y olé, que carajo, que a veces uno tiene que decir aquello de "esta boca es mía"

Gelo dijo...

con un par y bien puestos, si señor!!!

pagaría por verle la cara que se le quedó. crees que si se lo digo, aceptaría? dependiendo de la cantidad, no? jajajaja